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La taza de alcoholemia.-

Cuando acudes a un Centro de Reconocimiento de Conductores para obtener el certificado acreditativo de estar en aptitud para conducir vehículos, entre las preguntas que te hacen está la de si bebes. Es evidente que todo ser vivo bebe porque el que no bebe, se muere, mas si das una respuesta real pero el preguntante la entiende guasona, incide aclarando si bebes alcohol y la respuesta siempre es negativa porque nadie en su sano juicio se le ocurriría beber alcohol cuando puede saborear una copita de cualquiera de los deliciosos licores que elabora Julián Segarra de Chert en su destilería.
Hace unos días, estando la carretera mojada, debí cambiar la rueda por observar un irregular comportamiento del coche, ensuciándome las manos en la operación pero como el estado de limpieza manual o/y dital del chófer, nunca afecta a la conducción, proseguí mi viaje hasta que llegado a una glorieta un Sr. Guardia Civil de Tráfico, observando algún supuesto pero desconocido motivo que le hiciese sospechar en mi persona, bien fuese por no haber dormido o/y haber comido alguna pastilla o/y fumado algún cigarrillo o/y bebido alguna taza de alcohol, se le ocurrió levantar su mano derecha en señal de alto mientras con la izquierda me desviaba hacia la vía de servicio.
Se me invitó voluntariamente a someterme a la prueba de la taza de alcoholemia y como se me explicaron las ventajas que me esperaban si no aceptaba la invitación que no eran precisamente el encerrarme en el cuarto de los ratones con los quesos, chorizos y jamones, acepté la imposición voluntariamente obligada previo lavado de mis manos en un charco que gracias al excelente diseño del firme allí cerca existía.
Para la prueba de la taza de alcoholemia, el Sr. Guardia Civil de Tráfico en el ejercicio de sus funciones pero sin certificado acreditativo de no ser portador de enfermedades infeccioso-contagiosas, me entregó una bolsita de plástico transparente en la que se leía con letras azules esterilizado, pero sin el número de registro de envasador, sin el número de registro de industria alimentaria, sin la clase de impuesto ecológico, sin el tipo de gestión medioambiental del residuo del embalaje, sin el etiquetado genérico obligatorio y del contenido. etc., etc. y etc. y que si el lector quiere, le puedo añadir más ilegalidades, pero voy a atar el saco, ¡basta ya!, con las enumeradas son suficientes y me ordena que siga mi viaje que, por existir raya continua en el eje de la carretera avanzo hasta dónde pude realizar la maniobra de cambio de sentido y me acerco a la Jefatura Provincial de Tráfico más próxima para comprobar la clandestinidad con la que fabrican y envasan las pipetas en los sótanos de sus Dependencias que me consta tenían varias cajas.
Es menester aclarar que el Destilador del Maestrazgo no bebe nunca alcohol en taza, cuando lo prueba para comprobar sus cualidades, porque verdaderamente lo prueba, lo hace en copa, pero, si bebe, no bebe alcohol, puesto que por su sapiencia, lo hace transformado en alguno de sus exquisitos licores y no es de extrañar que aunque respire alcohol cuando esté dentro de su destilería como bebe licor en copa y de la marca SEGARRA, el medidor de la taza de alcoholemia siempre marque 0’00 porque el alcohol se evapora.

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