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La ciudad de Zaragoza.-

A nuestra llegada, la carretera se confundía con la calle que estaba adoquinada en lugar de asfaltada, unos coches aparecían aparcados o estacionados en medio de la carretera y junto a las aceras de ambos lados de la calle, habían unos raíles por los que circulaba un tranvía.
Pasamos por la orilla del Río Ebro que, acostumbrado a ver la Rambla Cervera por la que solo lleva agua en épocas de lluvia torrencial y a cruzarlo por el puente colgante de Amposta cuando iba a visitar a mis tíos en Tarragona, me pareció inmensamente grandísimo, pero hay un anecdótico detalle que recuerdo con asombro.
De repente, mi padre de pone a hablar en castellano ante la atónita mirada de desconcierto que como un niño que siempre había oído a su padre hablar en valenciano no sabía que conocía ese idioma, yo pensaba que en Chert la única persona que sabía hablar en castellano era D. Delfín Molmeneu Querol el Sr. Maestro.