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Un billete de diez mil euros.-

Aunque no vea la televisión por no precisar disfrutar del famoso TDT, no lea los periódicos por carecer de tiempo adecuado para ello y no oiga la radio por necesitar prestar mi atención al trabajo que estoy realizando, de vez en cuando me entero de alguna que otra noticia de los más sugerente.
Al parecer, lo de la crisis es un sentimiento generalizado; lo de sentimiento lo digo porque en las sillas de las terrazas de los bares siempre observo personas trabajando en sus quehaceres y porque además, tomando como referente a los santos de lejos por ser más milagrosos, en este caso, a los del otro lado del Atlántico, la solución estadounidense sobre el endeudamiento aceptado, aconsejado o elegido, parece ser de lo más convincente.
Después de mucho pensar y analizar las posibilidades sociales, llego a la conclusión que, para poder mantener el estado del bienestar, lo mejor es fabricar billetes de 10.000 euros y cada mañana al levantarnos, pasar por el Ayuntamiento del pueblo para que a cada vecino se nos regale uno.

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La Fabrica Nacional de Moneda y Timbre.-

Cuando hay un movimiento bursátil de valor en el dinero, vemos en las imágenes televisivas la película de una máquina de la Fabrica Nacional de Moneda y Timbre haciendo hojas de billetes de 50 euros. A mi me agradaría verlos de 50.000 euros pero dado que aún no existen, me conformaría con los de 500 euros. Estas llamativas imágenes inducen al error de pensar que los Gobiernos Occidentales tienen las máquinas en funcionamiento todos los días del año, incluso en los años bisiestos y para ellos, el disponer de dinero no es problema por ser los propietarios de las máquina de fabricarlos, por consiguiente, como ciudadanos de a pie, no debemos preocuparnos al estar salvados por una máquina que no se avería nunca y ante cualquier imprevisto, siempre está el Estado para subvencionarnos.
Cada vez que sale un billete en circulación, el valor del resto desciende proporcionalmente. El gran problema para los Estados Europeos y por extrapolación para sus ciudadanos, es que con las máquinas de hacer billetes no tienen suficiente dinero y precisan pedir aportaciones a los Contribuyentes.
Afortunadamente la cantidad de Contribuyentes va descendiendo progresivamente cada año y como no inventemos máquinas de hacer billetes de 10.000 euros para regalarlos a quienes acreditan estar necesitados, en pocos años lo vamos a tener pero que muy claro.

La loteria de Navidad.-

Estuve toda la noche soñando con las mil pesetas, quiero decir con los mil euros y que me había tocado el primer premio (en España le llaman gordo) de la lotería de Navidad. La cantidad de dinero era de tal magnitud que han tenido que construir el ferrocarril de Castellón a Chert, para poder traerme los vagones cargados de sacos de billetes de 1000 euros. Por no saber por dónde empezar, se me ocurrió colocar los sacos de los billetes debajo de la cama y al final para acostarme tenía que acceder por medio de una escalera de las que utilizamos en la poda de los grandes olivos milenarios porque la cama tocaba en el techo y como era muchos sacos, para que me cupiesen en el almacén, los he tenido que apilar hasta el techo, con tan mala fortuna que una pila, ladeándose, me ha caído detrás de la puerta y no podía entrar, al final por la chimenea metía el brazo y sacaba los billetes que podía pero no alcanzaba el resto, ¡menudo disgusto!, tenía todo el dinero de la lotería de Navidad y era preso en la calle de mi propia codicia. Al despertar, le doy un cabezazo al techo y me hago un chichomazo que parecía que me iba a salir un cuerno, ¡che!, con lo feliz que era yo siendo el coñaquero de Chert por ser el último y único destilador del Maestrazgo y el premio de la lotería no me ha llevado más que malos sueños y quebraderos de cabeza (lo digo por el chichón), aunque bien pensado, he podido ver todas las estrellas del firmamento chertolí sin necesidad del telescopio de la unidad de observación astronómica del Maestrazgo en Chert.
Para colmo de recochineo, al ir a almorzar, he visto y oído en la televisión como los niños del colegio de San Ildefonso de Madrid cantaban los números y los premios de la lotería. Salgo a la calle, me siento en un banco de piedra que hay en el paseo y como el Sol lucía cálidamente con todo su esplendor, el que tanto se agradece en los fríos días de invierno, he disfrutado como un rey almorzado tranquilamente, para postre, me he tomado un carajillo SEGARRA y me he dado cuenta que soy el hombre más rico del mundo. Tengo salud para comerme un bocadillo sentado al sol, no necesito el dinero porque tampoco estoy ilusionado en gastarlo y además, estoy enamorado.