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La crisis de quejarse por dar lastima.-

En un documental de la televisión sobre la vida salvaje, aparecían unos listos osos plantados tranquilamente en unas rocas en medio de un río con la boca abierta y unas tontas truchas que pretendiendo superar el desnivel, se esforzaban en saltar desde el agua a contracorriente para colarse directamente en las bocas de los osos.
El festín era de tal magnitud que, durante los días que duró el esfuerzo de las pequeñas truchas por acercarse a desovar en el lugar elegido, los grandotes osos se lo pasaron pipa, pero … se acabó lo que se daba y la crisis truchera obligó a buscarse la vida a cada uno de los listos, inteligentes o pillines descomunales osos.
Se respira en el enrarecido ambiente contaminado del consumismo favorecido por las multinacionales, como un entorno generalizado de psicosis colectiva que obliga a empezar a pensar en comer patata porque el pollo, al parecer, se está acabando y como no reduzcamos nuestro nivel de gasto, léase despilfarro, valorando lo superfluo y lo necesario, cada día que pasa lo vamos a tener más claro.

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Alojamiento gratuito o a cambio de …-

Es curiosa y variopinta la forma comercial de engañar a las personas con la esperanza de ganarlos como clientes y el desespero que se produce cuando el incauto pica en la chocolatina pero no muerde el anzuelo por haber puesto una tableta demasiado grande o ser la pescadilla demasiado pequeña, tanto, como que no le cabe entera en la boca.
Todos los dominios de Internet tiene su propietario, cosa comprensible por lógica racional, pero en cuanto al alojamiento de los espacios web, hay empresas que ofrecen de gratuitos con la intención de meterte publicidad y obtener unos beneficios que nunca se sabe el alcance de su cuantía.
Es principio básico y fundamental que cuando hablamos de negocio, hablamos de dinero, pero cuando se trata de aficiones, hablamos de voluntades y en el caso de Internet no es mi voluntad el hacer negocio, en Internet no compro ni vendo nada, por consiguiente, cualquier porcentaje de IVA aplicable siempre es nada, no en balde pertenezco al club del 0’0.

Una quimica de narices.-

Son las sensaciones provenientes del sentido del olfato, las más fuertes que tenemos, porque consiguen estimular recuerdos por un tiempo superior al medio año, pero cuando debemos traducir en palabras los conceptos del mundo de los olores, se nos complica la mente porque somos verdaderos analfabetos y aunque se puede aprender a desarrollarlo desde nuestra más tierna infancia por ser el primero en aparecer en el momento del nacimiento, lo cierto es que de mayores, nos dejamos arrastrar por las imágenes en una sociedad que solo nos estimula el sentido de la vista y del oído.
El olfato y el gusto, son sentidos que podríamos llamar químicos porque para activarse, necesitan captar las sustancias químicas del entorno. Tanto nuestra nariz como la boca, disponen de unos epitelios o mucosas con millones de neuronas provistas de filamentos sensoriales que admiten activarse con las sustancias odorantes y gustativas, permitiendo su interpretación por nuestro cerebro.
Vivimos en una sociedad en las que las fragancias naturales son suprimidas o enmascaradas para ser camufladas, consiguiendo progresivamente atrofiar nuestro sentido del olfato, por otro lado, los mercados supuestamente competitivos, ofrecen toda una serie de alimentos de producción intensiva, con sabores totalmente diferentes a los que nos regala la sabia naturaleza y el resultado, es el cambio hacia un prototipo de personas con grandes capacidades sobre aritmética, geografía, ingeniería, bioquímica, mundología, etc., pero con grandes trastornos en la mitad de sus sentidos corporales.
Por suerte para la humanidad, aún quedan personajes ajenos a la alteración de nuestra sociedad globalizada, formando una elite de ciudadanos conscientes de las propias capacidades sensoriales humanas que, sin renunciar a ser civilizados, son valedores de nuestra herencia evolutiva y la razón de ser del oficio de destilador.

Una quimica de narices.-

Son las sensaciones provenientes del sentido del olfato, las más fuertes que tenemos, porque consiguen estimular recuerdos por un tiempo superior al medio año, pero cuando debemos traducir en palabras los conceptos del mundo de los olores, se nos complica la mente porque somos verdaderos analfabetos y aunque se puede aprender a desarrollarlo desde nuestra más tierna infancia por ser el primero en aparecer en el momento del nacimiento, lo cierto es que de mayores, nos dejamos arrastrar por las imágenes en una sociedad que solo nos estimula el sentido de la vista y del oído.
El olfato y el gusto, son sentidos que podríamos llamar químicos porque para activarse, necesitan captar las sustancias químicas del entorno. Tanto nuestra nariz como la boca, disponen de unos epitelios o mucosas con millones de neuronas provistas de filamentos sensoriales que admiten activarse con las sustancias odorantes y gustativas, permitiendo su interpretación por nuestro cerebro.
Vivimos en una sociedad en las que las fragancias naturales son suprimidas o enmascaradas para ser camufladas, consiguiendo progresivamente atrofiar nuestro sentido del olfato, por otro lado, los mercados supuestamente competitivos, ofrecen toda una serie de alimentos de producción intensiva, con sabores totalmente diferentes a los que nos regala la sabia naturaleza y el resultado, es el cambio hacia un prototipo de personas con grandes capacidades sobre aritmética, geografía, ingeniería, bioquímica, mundología, etc., pero con grandes trastornos en la mitad de sus sentidos corporales.
Por suerte para la humanidad, aún quedan personajes ajenos a la alteración de nuestra sociedad globalizada, formando una elite de ciudadanos conscientes de las propias capacidades sensoriales humanas que, sin renunciar a ser civilizados, son valedores de nuestra herencia evolutiva y la razón de ser del oficio de destilador.

El deleite de los sentidos.-

En el momento de la deglución, el alimento pasa de la boca al esófago que por medio de unas contracciones y dilataciones llamadas peristálticas desciende hasta el estómago donde los fermentos digestivos como la amilasa y la maltasa actúan sobre los hidratos de carbono y la lipasa sobre las grasas, realizando la digestión.
Es sabido que los aceites y las grasas son incompatibles con el agua pero la ingesta de un poco de alcohol durante o después de las comidas, favorece la emulsión de las mismas y facilita el proceso digestivo, por ello, en contra de las campañas antialcohólicas coactivas hay que inevitablemente reconocer, que el beber con la comida algo de alcohol, favorece la digestión.
Como en todas las actividades de la vida, el problema reside en confundir el uso con el abuso pero un consumo moderado de las buenas bebidas alcohólicas, beneficia hasta en las arterias cuando se cargan de lípidos, disminuyendo la inflamación por evitar la formación de placas de ateroma y reduciendo el riesgo de sufrir un infarto de miocardio e incluso, una trombosis cerebral.

El deleite de los sentidos.-

En el momento de la deglución, el alimento pasa de la boca al esófago que por medio de unas contracciones y dilataciones llamadas peristálticas desciende hasta el estómago donde los fermentos digestivos como la amilasa y la maltasa actúan sobre los hidratos de carbono y la lipasa sobre las grasas, realizando la digestión.
Es sabido que los aceites y las grasas son incompatibles con el agua pero la ingesta de un poco de alcohol durante o después de las comidas, favorece la emulsión de las mismas y facilita el proceso digestivo, por ello, en contra de las campañas antialcohólicas coactivas hay que inevitablemente reconocer, que el beber con la comida algo de alcohol, favorece la digestión.
Como en todas las actividades de la vida, el problema reside en confundir el uso con el abuso pero un consumo moderado de las buenas bebidas alcohólicas, beneficia hasta en las arterias cuando se cargan de lípidos, disminuyendo la inflamación por evitar la formación de placas de ateroma y reduciendo el riesgo de sufrir un infarto de miocardio e incluso, una trombosis cerebral.