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La visita de un amigo.-

Siempre es de agradecer que los demás se acuerden de ti y muy especialmente cuando recibes una visita que puede ser en casa o con las nuevas tecnologías en la página web, en el blog o en el buzón del correo, por no hablar de los SMS también hoy de moda.
Cada día las personas somos más conscientes de las múltiples posibilidades del computador personal conectado a la red de Internet y aumenta progresivamente el número de ventas del inventillo y el censo de internautas dispuestos a navegar.
Tengo una amistad que su emoción por ser propietario, debió ser de tal magnitud que lo comentó con sus amigos más próximos y siempre aparece indebidamente el enteradillo sabelotodo, el técnico especialista en desconfigurar un programa o un sistema operativo y haciéndose el despistado, se olvida de dejarlo en las mismas condiciones de operatividad que estaba cuando puso sus indeseables manazas encima del teclado de ordenador ajeno, descuidando finalmente, un interesante y novedoso servicio de acceso a la red, inservible.
El hecho de saber algo de un tema, no significa que lo sepamos todo y aunque en este caso, para solucionar la contingencia, se decidió recurrir a mi persona y aprovechar mis escasos conocimientos que para quien sabe menos, le deben parecer ser elevados, hay que recordar y tener siempre muy presente que todos somos inmigrantes informáticos y aunque nos ayudamos o molestamos soltando un cabo cuando lo necesitamos, nadie lo sabemos todo empezando por yo mismo.

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La visita de un amigo.-

Siempre es de agradecer que los demás se acuerden de ti y muy especialmente cuando recibes una visita que puede ser en casa o con las nuevas tecnologías en la página web, en el blog o en el buzón del correo, por no hablar de los SMS también hoy de moda.
Cada día las personas somos más conscientes de las múltiples posibilidades del computador personal conectado a la red de Internet y aumenta progresivamente el número de ventas del inventillo y el censo de internautas dispuestos a navegar.
Tengo una amistad que su emoción por ser propietario, debió ser de tal magnitud que lo comentó con sus amigos más próximos y siempre aparece indebidamente el enteradillo sabelotodo, el técnico especialista en desconfigurar un programa o un sistema operativo y haciéndose el despistado, se olvida de dejarlo en las mismas condiciones de operatividad que estaba cuando puso sus indeseables manazas encima del teclado de ordenador ajeno, descuidando finalmente, un interesante y novedoso servicio de acceso a la red, inservible.
El hecho de saber algo de un tema, no significa que lo sepamos todo y aunque en este caso, para solucionar la contingencia, se decidió recurrir a mi persona y aprovechar mis escasos conocimientos que para quien sabe menos, le deben parecer ser elevados, hay que recordar y tener siempre muy presente que todos somos inmigrantes informáticos y aunque nos ayudamos o molestamos soltando un cabo cuando lo necesitamos, nadie lo sabemos todo empezando por yo mismo.

El Equipo “R”.-

   A la búsqueda y captura del níscalo o rovellón “lactarius deliciosus“, el Equipo “R” (de rovellonero), sale al monte el día propicio, con su cesta debajo del brazo e intenta, aunque no siempre lo consigue, llenar la canastilla de las apreciadas setas para regresar a su casa y comérselas.

   En la imagen podemos ver a casi todos los intrépidos componentes del Equipo “R”, los rovelloneros Carlos, Fermín, Javi, Julián, Andrés, Vicent y José María que, apretando el pulsador del aparato fotográfico, desaparece escondido detrás de la máquina de retratar, en un día de suerte.

El incivico comportamiento.-

Un día visitando Clientes, debí parar mi camioneta, encontrando espacio, junto a la valla de un colegio. Cuando regresé a retirarla para irme a otro pueblo, los niños estaban jugando en el patio de la escuela y junto al vallado, había unos chiquillos con una piedra en la mano que, a modo de coche, la empujaban por el suelo. Junto al tronco del árbol, habían puesto un cartón doblado como si fuese una casita que hacía las funciones de cochera para guardar la piedra, quiero decir el supuesto coche.
Mientas estaba ensimismado admirando en el comportamiento de los atareados chavales, el Sr. Maestro llamó a todos para incorporarse en las obligaciones docentes y abandonar el recreo. En ese momento, un niño que jugaba a fútbol, deja la pelota y se acerca al árbol dando una patada al cartón-almacén y todos corren hacia la puerta del edificio.
Supongo que al día siguiente, los amantes del fútbol seguirían jugando con la pelota, los chiquillos de los automóviles, con sus coches-piedra y los rompedores de entretenimientos, rompiéndolo, que es lo que saben hacer, pero no será igual ni lo mismo, porque es imposible colocar el cartón-casa de la misma forma y en el mismo sitio.

El incivico comportamiento.-

Un día visitando Clientes, debí parar mi camioneta, encontrando espacio, junto a la valla de un colegio. Cuando regresé a retirarla para irme a otro pueblo, los niños estaban jugando en el patio de la escuela y junto al vallado, había unos chiquillos con una piedra en la mano que, a modo de coche, la empujaban por el suelo. Junto al tronco del árbol, habían puesto un cartón doblado como si fuese una casita que hacía las funciones de cochera para guardar la piedra, quiero decir el supuesto coche.
Mientas estaba ensimismado admirando en el comportamiento de los atareados chavales, el Sr. Maestro llamó a todos para incorporarse en las obligaciones docentes y abandonar el recreo. En ese momento, un niño que jugaba a fútbol, deja la pelota y se acerca al árbol dando una patada al cartón-almacén y todos corren hacia la puerta del edificio.
Supongo que al día siguiente, los amantes del fútbol seguirían jugando con la pelota, los chiquillos de los automóviles, con sus coches-piedra y los rompedores de entretenimientos, rompiéndolo, que es lo que saben hacer, pero no será igual ni lo mismo, porque es imposible colocar el cartón-casa de la misma forma y en el mismo sitio.

El homo sapiens.-

Desde que nacemos, empezamos a descubrir un nuevo mundo totalmente desconocido que puede ser fascinante o frustrante según la instrucción que vamos recibiendo en el avance de nuestro aprendizaje, tal vez por ello, a nuestra especie la autodenominemos “homo sapiens” que significa el que quiere saber. Lo cierto es que la evolución tecnológica de los últimos tiempos nos pilla a todos fuera de juego e intentar incorporarla en nuestra vida, es tarea harto difícil al exigirnos una reorganización interna del cerebro y del espíritu que no siempre estamos dispuestos a poder realizar, mas si cabe, cuando en el mundo consumista, lo que ayer era un gran avance, hoy descubrimos como algo obsoleto porque, no somos nosotros los que evolucionamos sino las máquinas de nuestro entorno de las que solo aprovechamos una pequeñísima parte de sus posibilidades.
Un buen día tuve interés en aprender a programar en hipertexto y así lo hice porque el Internet me brindaba la oportunidad de almacenar información en una libreta de un armario de mi casa tan especial para mi, que por sus características, a su vez permitía a todo el mundo acceder a esta información de la que su importancia, residía en las ideas u ocurrencias que podía despertar en el lector para la ejecución de nuevas iniciativas y entre todos, cada cual en su parcela, compartir del conocimiento universal al alcance de todos nosotros mismos en cualquier parte de mundo y a cualquier hora. Ahora ya no era menester ir a una biblioteca en su horario público para instruirnos, nosotros, desde nuestra propia voluntad, avanzamos en los conocimiento que nos inquietan desde cualquier lugar y en cualquier instante. Pero, aquí nace el gran problema del autoaprendizaje. El ser autodidacto es tarea harto difícil y exige mucha voluntad o interés. Las personas somos seres de costumbres y cuando aprendemos a hacer una cosa de una manera, nos es muy difícil abandonar el método que tanto sacrificio nos cuesta en aprenderlo, para volverlo reaprender de otra forma que se supone debería ser la correcta.
En este preciso instante hay una corriente de sentimiento colectivo por el que al parecer, si no tienes un blog eres casi menos que subnormal, pero el blog, no es una planta cualquiera en un monte, no es un árbol que plantamos en nuestro campo y podemos ir a cuidarlo cualquier día que nos plazca, sino que se trata de un hijo al que debemos prodigarle todos los cuidados diarios que podamos y que por nuestras obligaciones, no siempre estamos dispuestos a concederle, por consiguiente, el resultado es el que es y todos los días nacen bloges nuevos y al igual que en el mundo del comercio, casi todos quedan en el olvido perdidos por las unidades de memoria internáutica de la red, pero aún así, lo importante no es lo que nosotros hayamos podido escribir para compartir en un instante de nuestra vida, sino la ocurrencia que pueda despertar en la mente del lector, en cualquier otro momento de la suya.

El homo sapiens.-

Desde que nacemos, empezamos a descubrir un nuevo mundo totalmente desconocido que puede ser fascinante o frustrante según la instrucción que vamos recibiendo en el avance de nuestro aprendizaje, tal vez por ello, a nuestra especie la autodenominemos “homo sapiens” que significa el que quiere saber. Lo cierto es que la evolución tecnológica de los últimos tiempos nos pilla a todos fuera de juego e intentar incorporarla en nuestra vida, es tarea harto difícil al exigirnos una reorganización interna del cerebro y del espíritu que no siempre estamos dispuestos a poder realizar, mas si cabe, cuando en el mundo consumista, lo que ayer era un gran avance, hoy descubrimos como algo obsoleto porque, no somos nosotros los que evolucionamos sino las máquinas de nuestro entorno de las que solo aprovechamos una pequeñísima parte de sus posibilidades.
Un buen día tuve interés en aprender a programar en hipertexto y así lo hice porque el Internet me brindaba la oportunidad de almacenar información en una libreta de un armario de mi casa tan especial para mi, que por sus características, a su vez permitía a todo el mundo acceder a esta información de la que su importancia, residía en las ideas u ocurrencias que podía despertar en el lector para la ejecución de nuevas iniciativas y entre todos, cada cual en su parcela, compartir del conocimiento universal al alcance de todos nosotros mismos en cualquier parte de mundo y a cualquier hora. Ahora ya no era menester ir a una biblioteca en su horario público para instruirnos, nosotros, desde nuestra propia voluntad, avanzamos en los conocimiento que nos inquietan desde cualquier lugar y en cualquier instante. Pero, aquí nace el gran problema del autoaprendizaje. El ser autodidacto es tarea harto difícil y exige mucha voluntad o interés. Las personas somos seres de costumbres y cuando aprendemos a hacer una cosa de una manera, nos es muy difícil abandonar el método que tanto sacrificio nos cuesta en aprenderlo, para volverlo reaprender de otra forma que se supone debería ser la correcta.
En este preciso instante hay una corriente de sentimiento colectivo por el que al parecer, si no tienes un blog eres casi menos que subnormal, pero el blog, no es una planta cualquiera en un monte, no es un árbol que plantamos en nuestro campo y podemos ir a cuidarlo cualquier día que nos plazca, sino que se trata de un hijo al que debemos prodigarle todos los cuidados diarios que podamos y que por nuestras obligaciones, no siempre estamos dispuestos a concederle, por consiguiente, el resultado es el que es y todos los días nacen bloges nuevos y al igual que en el mundo del comercio, casi todos quedan en el olvido perdidos por las unidades de memoria internáutica de la red, pero aún así, lo importante no es lo que nosotros hayamos podido escribir para compartir en un instante de nuestra vida, sino la ocurrencia que pueda despertar en la mente del lector, en cualquier otro momento de la suya.