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La didactica instruccion del televisor.-

Al momento de almorzar me he comido un panaton. Es un alimento especialmente diseñado para los tontos. También existe el panabob, que tiene una formulación pensada en los bobos, aunque algunas personas prefieren tomarse un panaten, porque les regula la tensión. Cuando me siento cansado, mejor que sentarse en una silla es zamparse el pananerg, por la energía que libera en el estómago que, para compensar el hinchamiento, siempre puedo utilizar el panactiv, el mejor activador el intestino jamás inventado y gracias al panahues, tengo los huesos fortalecidos. El día que vea que me sube el colesterol, me como el famoso panacol y para escribir estas líneas, no hay nada como comerse un panalin.
En el mercado, tengo al alcance de la mano y colocado en lugares estratégicos, comercialmente hablando, muchos alimentos especiales y además enriquecidos con vitaminas que se añaden a saco, o a cubos, o a platos, según el tamaño del reactor donde se elaboran de forma siempre natural y una vez envasados, conservan todas sus propiedades sin aditivos, ni conservantes, ni colorantes ni azúcar añadido pero con un sabor muy rico.
Tan solo hace varias décadas, los productos de síntesis no estaban autorizados para la alimentación animal y evidentemente, tampoco para la humana. Se ha necesitado la colaboración y experiencia de las grandes multinacionales para que nos diéramos cuenta de lo importante que es comer sano y equilibrado con alimentos competitivos controlados por un laboratorio que les quita lo que sobra y añade lo que falta.
Y mientras tanto en Chert, las tomateras continúan haciendo tomates con sabor a tomate.

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Los alimentos funcionales o artificiales.-

A los animales les damos para comer piensos artificiales a base de compuestos, unos piensos compuestos que nadie sabe de qué están compuestos pero con un nombre que suena musicalmente al oído del granjero que los administra. Y para nuestra familia, compramos alimentos artificiales, pero como no lo podemos decir, hay que inventar una palabreja sugestiva y atrayente, por ello. les decimos funcionales.
Ha pasado por mis manos un envase vacío de una bebida rica en omegas, la última letra del alfabeto griego, si hubiese estado rica en alfas igual corro inmediatamente a la tienda a comprar uno porque tiene estabilizadores, aromas y vitaminas, entiéndase bien, estabilizadores, aromas y vitaminas de las que se añaden del saco, también lleva sal por el sodio y calcio y con un valor energético de tantas kilocalorías que te tomas un vaso y no necesitas pantalla en la moto y además, como de propina, según un estudio de no se sabe dónde, en compañía de una dieta equilibrada, te ayuda a reducir el nivel de colesterol, los síntomas de la menopausia y a luchar contra la osteoporosis, supongo será por sus proteínas de alto valor nutritivo, porque para su elaboración se han usado productos no transgénicos, de ahí su contenido graso que al parecer proviene mayoritariamente de unas desconocidas grasas poliinsaturadas y sin tener lactosa, ¡que desilusión!, me pensaba que era leche y por eso no lo dice por ninguna parte del envase.
Ahora ya se por qué soy tan pueblerino, de pequeño mi madre le compraba la leche al tío Tomás cuando la ordeñaba a su regreso al pueblo después de estar todo el día guardando las cabras y ovejas por el campo y el hombre, no sabía que debía enriquecerla con una pizca de vitaminas.

La sal, el azucar y el alcohol.-

Todos oímos continuamente en los medios de comunicación de masas que la sal endurece las venas y si aumenta el nivel del colesterol es perjudicial para la salud, el azúcar engorda y es perjudicial para la salud y el alcohol, ¡vaya con el alcohol!, es una droga que te permite matar a la mujer y librarte de la pena.
Como estoy enajenado transitoriamente, mientras escribo este artículo por haber ingerido un Carajillo SEGARRA, gozo del eximente de poder redactar lo que me dé la gana y salir airoso por la tangente y aunque esté algo confundido, todos sabéis que lo dañino no es el uso sino el abuso, puesto que tanto el azúcar como la sal y el alcohol son necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.
Con el resto de los conservantes que introducimos consciente o inconscientemente en nuestro cuerpo con la ingesta de los competitivos alimentos enriquecidos que nos venden en el comercio, solo debemos eliminarlos despreocupadamente por las vías naturales en compañía de las heces o de la orina y aunque la OMS (Organización Mundial de la Salud) nos asegure que hasta tropecientos miligramos no es tóxico, el grado de toxicidad personal, dependerá desgraciada o afortunadamente de nuestra capacidad de expulsión.