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El vicio de las virtudes.-

A principios del mes pasado, este blog dejó de ser operativo. Cuando colocaba las etiquetas, me decía que no era posible por haber superado el máximo permitido y como desde el primer día solo me admite un determinado número de caracteres que limita la cantidad de etiquetas, estaba dispuesto a abandonarlo y me pasé a http://juliansegarra.blogspot.com/ que apenas utilizo.
Accidentalmente hace un par de días coloqué por error un artículo y cual mi sorpresa fue admitido. Por suerte, me percaté de mi equivocación de blog y ante la extrañeza de su permisibilidad, he decidido que voy a continuar escribiendo en él para disfrute del lector por tener la posibilidad de comentar mis ocurrencias.
Y es que bajo mi criterio, me satisface su buena consideración en la red del Internet y ahora que he conseguido gratuitamente lo que todo el mundo está dispuesto a pagar por tenerlo, es una lástima que defraude a los asiduos lectores; aunque reconozco que me agrada más la programación del hipertexto de las páginas web porque no entiendo nada.

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El colmo de lo absurdo.-

   Esta mañana he recibido en mi correo electrónico el artículo colgado en http://casaconjacuzzi.blogspost.com al que estoy suscrito, con el comentario de la chapuza legislativa reguladora de la recogida de setas.

   Mi amplia experiencia en la recogida de setas y lo digo con guasa y de esta forma para que quede constancia porque desde hace cuatro años soy “Recolector Mayor de Rovellones en el Reino de España” y a la llegada del tiempo propicio de su crecimiento, me apunto un día al año con mis amigos para acercarnos al monte y trincar todos los que encontramos a nuestro paso, me permite comentar el absurdo aspecto legal de la Orden.

   En calidad de agricultor fiscalmente declarado, cuando voy al campo a recoger los frutos de mi actividad agrícola, lo hago con capazo y saco, cuando he ido al monte a recolectar setas de las que solo elijo los rovellones, lo hago con cesta pero nunca se me ocurriría ir al campo o al monte acompañado de una balanza.

   Las balanzas se usan a nivel comercial por quienes supuestamente recogen setas (en la tienda de la esquina), mientras degustan una merendola en el bar o restaurante del pueblo. Hay que ser analfabeto de una actividad como la de recogida de setas para fijar los límites en 6 kilogramos, los límites, de haberlos, deberían medirse por cestos, porque al monte se va con cesta y no con balanza.