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El camino ibero.-

Llegados y desembarcados en la costa oriental de la península Ibérica, nos adentramos al territorio occidental de nuestro mar Mediterráneo que, si bien en principio era desconocido para el extranjero, con el paso de los años se construyó un camino de tránsito y abandonando el asentamiento costero, nos dirigimos hacia las inseguras tierras de Chert, dónde antaño los íberos nativos, aprovechaban para saquear nuestros tesoros refugiándose en su muela murada o amurallada.
A la distancia aproximada de un día de viaje, la impresionante rambla por la que seguimos paralelos a su curso, coincide en una pequeña aldea que tiene por nombre Anroig (casa de r-o-i-g). Los escasos moradores del lugar, se dedican al cuidado de rebaños de cabras y ovejas y a la agricultura, cultivando la vid y los olivos. En la proximidades, disponen de un importante manantial de agua cristalina.
En la aldea de Anroig, existe una posada que aprovechan los transeúntes o viajeros y las caballerías utilizadas en el transporte de sus bienes, para pernoctar y descansar. Se trata de un asentamiento muy reducido con pocas almas, pero con los servicios necesarios para recuperarse del cansancio del diario caminar.

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El gaseoducto del Maestrazgo.-

Durante el tiempo que estuve incorporado a filas para prestar el servicio militar, se decidió trazar el gaseoducto del levante español y evidentemente no se pensó en proyectarlo y hacerlo por las playas de Benicasim, ni de Oropesa del Mar, ni de Peñíscola. Lástima, porque ahora no se tendía que hacer una canalización para llevar el gas desde la comarca del Maestrazgo a los pueblos costeros y favorecerles con el gas de ciudad, un gas que pasa por nuestro lado pero que no podemos usar.
Para la ejecución del proyecto, se reclamó la presencia de los propietarios de las fincas necesarias, se les entregó un dinero sin discusión y se invitó a discrepar, con un resultado final de dejar a todos los labradores afectados con una sonrisa de oreja a oreja y si concluida la obra hubo alguna queja, rápidamente la empresa concesionaria o quien sea, repuso las paredes de las fincas en un estado parecido o diferente al que tenían antes de la intervención de la maquinaria y todos quedamos muy contentos.
Cuando ha habido alguna incidencia, se nos ha llamado a los vecinos propietarios de las fincas importunadas y sin mediar palabra, se nos ha entregado de entrada un cheque para pagar un labrado en la zona afectada y valorándose razonablemente el precio de cualquier estropicio por las inevitables intervenciones de la compañía responsable que siempre son de lo más agradables, se ha sumado a la indemnización correspondiente. ¡Me gusta hacer negocios con Ustedes!.