• Páginas

  • Categorías

  • Archivos

  • Anuncios

"La Pastora" por Jose Calvo Segarra.-

De pequeño, en un viaje realizado en compañía de su abuelo Julián Segarra Ferreres y un vecino de Chert, le gastaron una broma. Viendo a unos hombres con unas escaleras encima de un macho que iban a podar olivos, le dijeron que se estuviera quieto porque eran maquis y le íban a quitar una peseta de papel que llevaba en la mano. De ahí debió quedarle un recuerdo que le haría profundizar en el conocimiento del maquis.
El personaje de Tresot (Teresa Pla Meseguer) siempre fue muy popular por los pueblos dels Ports y del Maestrazgo: Vallibona, Chert, Catí, Rossell, La Pobla de Benifassar, Coratxar, Fredes … y cuando José Calvo Segarra se enteró a sus 19 años del primer juicio que se le realizaba en Tarragona tras su detención en Andorra, no dudó en asistir para conocer al personaje que ya era un mito.
Cumplida la condena impuesta, parte en la prisión de Valencia y parte en el penal del Dueso, José Calvo Segarra se interesó en entrevistar a Florencio Pla Meseguer que vivía en la casa del funcionario de prisiones Marino Vinuesa acogido como de la familia. En el año 2004 falleció La Pastora, cuando José Calvo Segarra ya había comenzado a escribir su documentado libro en el que se ha valido también de otros numerosos testimonios.

Anuncios

El autoctono cerdo hungaro mangalica.-

En España conocemos al pueblo húngaro porque durante muchos años algunos de su nativos viajaron por nuestra geografía con sus curiosas, bonitas y llamativas caravanas. Generalmente siempre llevaban un oso y una cabra que a parte de poderla ordeñar para obtener leche de la que no se le quita en un laboratorio lo que le sobra y se le añade lo que la falta, nos deleitaban y maravillaban subiéndola en una escalera equilibrándose encima de una bola y haciendo bailar al oso al compás del tambor.
De repente descubrimos que además de comediantes tienen un producto excelente comparable como el que se produce en España, el jamón de cerdo mangalica, un inmigrante legal que al parecer nadie desea a pesar de ser un producto importado reglamentariamente desde Hungría y no ser un húngaro clandestino.
El problema no está en el producto como tal, sino en que algunos comerciantes malévolos y sinvergüenzas de la última fase del proceso de comercialización que están en sector servicios atendiendo directamente al consumidor, colocan mangalica cuando se les pide ibérico, como los que sirven anisette cuando se pide anís o anís seco cuando el comprador solicita aguardiente o … tantas formas encubiertas de engañar al ignorante que confunde el pastelet con el pastiset.

La loteria de Navidad.-

Estuve toda la noche soñando con las mil pesetas, quiero decir con los mil euros y que me había tocado el primer premio (en España le llaman gordo) de la lotería de Navidad. La cantidad de dinero era de tal magnitud que han tenido que construir el ferrocarril de Castellón a Chert, para poder traerme los vagones cargados de sacos de billetes de 1000 euros. Por no saber por dónde empezar, se me ocurrió colocar los sacos de los billetes debajo de la cama y al final para acostarme tenía que acceder por medio de una escalera de las que utilizamos en la poda de los grandes olivos milenarios porque la cama tocaba en el techo y como era muchos sacos, para que me cupiesen en el almacén, los he tenido que apilar hasta el techo, con tan mala fortuna que una pila, ladeándose, me ha caído detrás de la puerta y no podía entrar, al final por la chimenea metía el brazo y sacaba los billetes que podía pero no alcanzaba el resto, ¡menudo disgusto!, tenía todo el dinero de la lotería de Navidad y era preso en la calle de mi propia codicia. Al despertar, le doy un cabezazo al techo y me hago un chichomazo que parecía que me iba a salir un cuerno, ¡che!, con lo feliz que era yo siendo el coñaquero de Chert por ser el último y único destilador del Maestrazgo y el premio de la lotería no me ha llevado más que malos sueños y quebraderos de cabeza (lo digo por el chichón), aunque bien pensado, he podido ver todas las estrellas del firmamento chertolí sin necesidad del telescopio de la unidad de observación astronómica del Maestrazgo en Chert.
Para colmo de recochineo, al ir a almorzar, he visto y oído en la televisión como los niños del colegio de San Ildefonso de Madrid cantaban los números y los premios de la lotería. Salgo a la calle, me siento en un banco de piedra que hay en el paseo y como el Sol lucía cálidamente con todo su esplendor, el que tanto se agradece en los fríos días de invierno, he disfrutado como un rey almorzado tranquilamente, para postre, me he tomado un carajillo SEGARRA y me he dado cuenta que soy el hombre más rico del mundo. Tengo salud para comerme un bocadillo sentado al sol, no necesito el dinero porque tampoco estoy ilusionado en gastarlo y además, estoy enamorado.