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El bienestar del aumento de la deuda.-

Aunque mi memoria histórica anda un tanto confundida, tan solo hace unos años las entidades bancarias ofrecían unos intereses más elevados que los rendimientos de las actividades económicas por lo que solo las personas pillinas aprovecharon para transformar su patrimonio en dinero y obtener mejores rendimientos que quienes se esforzaban por trabajar.
Debiose constipar la gallina de los huevos de oro porque en un tiempo muy corto, el negocio de la ociosidad dejó de ser lucrativo pero como aún habían pocos espabilados y muchos currantes, las cabezas pensantes decidieron tomar el camino de la especulación. Los usureros florecieron a sus anchas y todos presumían de hacer negocios e inversiones con dinero ajeno o prestado.
Pero el dinero también vale dinero y la deuda se ha incrementado hasta niveles impensables o imaginables y de desaconsejable superación, por lo que de momento disfrutamos de un supuesto bienestar ficticio que solo es imagen o fachada ya que detrás arrastramos el tren de los débitos sin que nadie decida pensar en empezar pagar.

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Confundir al espabilado y listo.-

Cuando llega el buen tiempo climatológico, todos los seres vivos abandonan el letargo invernal y sin analizar las razones que siempre dependen del medio, se activan y multiplican. Si los intereses para el hombre son concordantes, el milagro es muy bien recibido, pero cuando la evolución conduce al deterioro de un producto o alimento, las personas han intentado detener el avance que no siempre han conseguido.
Entre los productos susceptibles de estropearse con la llegada del verano, está el vino de reducida graduación alcohólica y en presencia del oxígeno, su deterioro conduce a la conversión en vinagre. Este proceso es lento y molecular, por lo que un control acertado y regular nos indica cuando aparece.
Desgraciadamente, la reacción no tiene marcha atrás y cuando empieza a avinagrarse, la salida comercial es destilar el alcohol que queda para recuperarlo, pudiendo utilizar el destilado como disolvente en la industria. Actualmente, gracias al cambio europeo a una legislación permisiva, muchos de estos alcoholes de residuos son aprovechados para uso alimenticio en la elaboración de los licores más competitivos que siempre encontraremos a nuestro alcance en las tiendas no profesionales.