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Mi amigo Alberto Gonzalez Perez.-

Existen tantas formas de entender Internet como personas hay en el mundo y en la red de la comunicación cabemos todos con todas nuestras iniciativas y diferencias porque si tiene alguna característica que lo hace especial, es el poder manifestar todas las inmensas posibilidades del espíritu.
Anteayer tuve la grandísima suerte de que mi amigo Alberto González Pérez me encontrase por la red y se comunicase conmigo, siendo además de suerte, un privilegio, porque si bien conozco a Alberto por mediación de su padre, en las dos veces que coincidimos en la tienda de componentes electrónicos, se le atisba diferencia.
Y es que cada cual es como es y al final con todos nuestros supuestos defectos y quizás escasas virtudes, por nuestras acciones se nos reconoce, por ello, no quiero dejar pasar la oportunidad de invitar a los lectores de este blog a visitar su trabajos en Lego TECHNIC Iberia, Historias bionicle, Relatos cortos.

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La economía fuerte y sólida.-

Un conocido que regularmente cambia de oficio y que cuando coincide conmigo siempre me habla de mi falta de espíritu comercial, me ha preguntado como va y le he contestado que bien sin saber exactamente sobre qué preguntaba ni tener interés en saberlo, de tal suerte que, se me ha enrollado con no se qué explicación de la banca, su fortaleza y solidez, aunque apunta que posiblemente parece pueda tener algún problema de liquidez.
Admito que de comercio se poco porque solo soy la sexta generación de comerciantes que ininterrumpidamente hemos sido destiladores en mi familia, en espíritu, puedo presumir de tener algo, por lo menos en el depósito del alcohol (espíritu de vino) y de liquidez, con los barriles de brandy en la bodega llenos, no preciso entrar en discusión, ni presentar credenciales y casualmente, un banquero, pero no de los directores de sucursal, sino de los de banco de banca, ha venido a comprarme brandy SEGARRA para atender sus compromisos y recordando el comentario de la falta de liquidez, no me ha causado extrañeza el que viniera a reponer existencias, permitiéndome comentar lo de la fortaleza, la solidez y su visita a la destilería de Chert para disponer nuevamente de liquidez licorera.
Como por mi condición de pueblerino de pueblo no entiendo nada de asuntos económicos, me ha explicado detenidamente que los bancos son como campos sin cepas, o como cepas sin uva, o como bodega sin barriles, o como barriles sin brandy y con tan clara aclaración, he apostillado preguntando, ¿como un marco sin cuadro? y me ha corregido, ¡no!, son como un clavo en la pared, un clavo con fuerte sujeción, un clavo sólidamente unido a la pared, pero con problemas de liquidez, ¿entiendes?, sin cuadro y sin marco pero al se puede colgar una lámina de calendario.

La economia fuerte y solida.-

Un conocido que regularmente cambia de oficio y que cuando coincide conmigo siempre me habla de mi falta de espíritu comercial, me ha preguntado como va y le he contestado que bien sin saber exactamente sobre qué preguntaba ni tener interés en saberlo, de tal suerte que, se me ha enrollado con no se qué explicación de la banca, su fortaleza y solidez, aunque apunta que posiblemente parece pueda tener algún problema de liquidez.
Admito que de comercio se poco porque solo soy la sexta generación de comerciantes que ininterrumpidamente hemos sido destiladores en mi familia, en espíritu, puedo presumir de tener algo, por lo menos en el depósito del alcohol (espíritu de vino) y de liquidez, con los barriles de brandy en la bodega llenos, no preciso entrar en discusión, ni presentar credenciales y casualmente, un banquero, pero no de los directores de sucursal, sino de los de banco de banca, ha venido a comprarme brandy SEGARRA para atender sus compromisos y recordando el comentario de la falta de liquidez, no me ha causado extrañeza el que viniera a reponer existencias, permitiéndome comentar lo de la fortaleza, la solidez y su visita a la destilería de Chert para disponer nuevamente de liquidez licorera.
Como por mi condición de pueblerino de pueblo no entiendo nada de asuntos económicos, me ha explicado detenidamente que los bancos son como campos sin cepas, o como cepas sin uva, o como bodega sin barriles, o como barriles sin brandy y con tan clara aclaración, he apostillado preguntando, ¿como un marco sin cuadro? y me ha corregido, ¡no!, son como un clavo en la pared, un clavo con fuerte sujeción, un clavo sólidamente unido a la pared, pero con problemas de liquidez, ¿entiendes?, sin cuadro y sin marco pero al se puede colgar una lámina de calendario.

El homo sapiens.-

Desde que nacemos, empezamos a descubrir un nuevo mundo totalmente desconocido que puede ser fascinante o frustrante según la instrucción que vamos recibiendo en el avance de nuestro aprendizaje, tal vez por ello, a nuestra especie la autodenominemos “homo sapiens” que significa el que quiere saber. Lo cierto es que la evolución tecnológica de los últimos tiempos nos pilla a todos fuera de juego e intentar incorporarla en nuestra vida, es tarea harto difícil al exigirnos una reorganización interna del cerebro y del espíritu que no siempre estamos dispuestos a poder realizar, mas si cabe, cuando en el mundo consumista, lo que ayer era un gran avance, hoy descubrimos como algo obsoleto porque, no somos nosotros los que evolucionamos sino las máquinas de nuestro entorno de las que solo aprovechamos una pequeñísima parte de sus posibilidades.
Un buen día tuve interés en aprender a programar en hipertexto y así lo hice porque el Internet me brindaba la oportunidad de almacenar información en una libreta de un armario de mi casa tan especial para mi, que por sus características, a su vez permitía a todo el mundo acceder a esta información de la que su importancia, residía en las ideas u ocurrencias que podía despertar en el lector para la ejecución de nuevas iniciativas y entre todos, cada cual en su parcela, compartir del conocimiento universal al alcance de todos nosotros mismos en cualquier parte de mundo y a cualquier hora. Ahora ya no era menester ir a una biblioteca en su horario público para instruirnos, nosotros, desde nuestra propia voluntad, avanzamos en los conocimiento que nos inquietan desde cualquier lugar y en cualquier instante. Pero, aquí nace el gran problema del autoaprendizaje. El ser autodidacto es tarea harto difícil y exige mucha voluntad o interés. Las personas somos seres de costumbres y cuando aprendemos a hacer una cosa de una manera, nos es muy difícil abandonar el método que tanto sacrificio nos cuesta en aprenderlo, para volverlo reaprender de otra forma que se supone debería ser la correcta.
En este preciso instante hay una corriente de sentimiento colectivo por el que al parecer, si no tienes un blog eres casi menos que subnormal, pero el blog, no es una planta cualquiera en un monte, no es un árbol que plantamos en nuestro campo y podemos ir a cuidarlo cualquier día que nos plazca, sino que se trata de un hijo al que debemos prodigarle todos los cuidados diarios que podamos y que por nuestras obligaciones, no siempre estamos dispuestos a concederle, por consiguiente, el resultado es el que es y todos los días nacen bloges nuevos y al igual que en el mundo del comercio, casi todos quedan en el olvido perdidos por las unidades de memoria internáutica de la red, pero aún así, lo importante no es lo que nosotros hayamos podido escribir para compartir en un instante de nuestra vida, sino la ocurrencia que pueda despertar en la mente del lector, en cualquier otro momento de la suya.

El homo sapiens.-

Desde que nacemos, empezamos a descubrir un nuevo mundo totalmente desconocido que puede ser fascinante o frustrante según la instrucción que vamos recibiendo en el avance de nuestro aprendizaje, tal vez por ello, a nuestra especie la autodenominemos “homo sapiens” que significa el que quiere saber. Lo cierto es que la evolución tecnológica de los últimos tiempos nos pilla a todos fuera de juego e intentar incorporarla en nuestra vida, es tarea harto difícil al exigirnos una reorganización interna del cerebro y del espíritu que no siempre estamos dispuestos a poder realizar, mas si cabe, cuando en el mundo consumista, lo que ayer era un gran avance, hoy descubrimos como algo obsoleto porque, no somos nosotros los que evolucionamos sino las máquinas de nuestro entorno de las que solo aprovechamos una pequeñísima parte de sus posibilidades.
Un buen día tuve interés en aprender a programar en hipertexto y así lo hice porque el Internet me brindaba la oportunidad de almacenar información en una libreta de un armario de mi casa tan especial para mi, que por sus características, a su vez permitía a todo el mundo acceder a esta información de la que su importancia, residía en las ideas u ocurrencias que podía despertar en el lector para la ejecución de nuevas iniciativas y entre todos, cada cual en su parcela, compartir del conocimiento universal al alcance de todos nosotros mismos en cualquier parte de mundo y a cualquier hora. Ahora ya no era menester ir a una biblioteca en su horario público para instruirnos, nosotros, desde nuestra propia voluntad, avanzamos en los conocimiento que nos inquietan desde cualquier lugar y en cualquier instante. Pero, aquí nace el gran problema del autoaprendizaje. El ser autodidacto es tarea harto difícil y exige mucha voluntad o interés. Las personas somos seres de costumbres y cuando aprendemos a hacer una cosa de una manera, nos es muy difícil abandonar el método que tanto sacrificio nos cuesta en aprenderlo, para volverlo reaprender de otra forma que se supone debería ser la correcta.
En este preciso instante hay una corriente de sentimiento colectivo por el que al parecer, si no tienes un blog eres casi menos que subnormal, pero el blog, no es una planta cualquiera en un monte, no es un árbol que plantamos en nuestro campo y podemos ir a cuidarlo cualquier día que nos plazca, sino que se trata de un hijo al que debemos prodigarle todos los cuidados diarios que podamos y que por nuestras obligaciones, no siempre estamos dispuestos a concederle, por consiguiente, el resultado es el que es y todos los días nacen bloges nuevos y al igual que en el mundo del comercio, casi todos quedan en el olvido perdidos por las unidades de memoria internáutica de la red, pero aún así, lo importante no es lo que nosotros hayamos podido escribir para compartir en un instante de nuestra vida, sino la ocurrencia que pueda despertar en la mente del lector, en cualquier otro momento de la suya.