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Maestrazgo de origen o de nombre.-

Por razones históricas y no político-comerciales modernas nací y elegí vivir en una tierra poblada originalmente por íberos que fue la última en incorporarse al Reino de España y por esta anecdótica razón, se la conoce desde la Corona con el nombre de Maestrazgo, en valenciano Maestrat por ignorancia social actual.
Como nombre geográfico, por ley solo pueden y deben usar como denominación geográfica y no marca quienes realmente desarrollen actividades económicas dentro de sus límites para distinguirlos del resto de los comerciantes que a su vez también trabajan en sus respectivos lugares de trabajo en otras zonas diferentes con labores similares.
Con la incorporación en las modernas tecnologías de la comunicación, los sistemas de control gubernamental permiten la comercialización de exóticos artículos que elaborados fuera de nuestro Maestrazgo sean representativos del Maestrazgo solo por venderse en el Maestrazgo. ¡Forasters vindràn que de casa mos trauràn!.

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Un placer para los sentidos.-

En el mundo del engaño que nos toca vivir, la pérdida de honradez nos conduce a intentar vender toda clase de basura posible, porque al precio que nos cuesta la materia prima, es más bien fácil obtener resultados competitivos y si tenemos por mercado a verdaderos mentecatos, cuidando un poco la presentación siempre es posible colar gato por liebre.
Unas materias primas deficientes, unas destilaciones incorrectas por personas no capacitadas o irresponsables y posteriores mezclas convenientes, conducen a elaborar licores imperfectos que para enmascarar sus defectos, precisan de potingues ataviados con bonitos vestidos de llamativos colorines y ambientadores exóticos.
Los licores son casi como las mujeres, les falta el más importantísimo “casi”, pero con el respeto debido, aprovecho el ejemplo para la ilustración. A unas personas les gusta el envase y a otras el contenido. Quienes se fijan en el embalaje descuidando el contenido, son presa de atractivos maquillajes u ostentosos peinados, aunque reconozco sirven muy bien como floreros, pero a quienes les agradan los contenidos sin sugestivos saborizantes añadidos y se enamoran de sus cualidades innatas, el acariciarlos en la copa siempre es un placer para los sentidos porque lo bueno, es bueno por si mismo.