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Mejorar en productividad o en consumo.-

Dicen por la calle que a mayor velocidad, la gasolina se consume más deprisa y cuando se acaba el depósito, o lo llenamos, o empujamos, o nos quedamos parados. Tal vez sin percatarnos, esto sea lo que nos ha sucedido cuando, durante treinta años hemos acelerado excesivamente el motor laboral para ahora disfrutar felizmente por la satisfacción del trabajo realizado.
En este tiempo, se nos ha castigado con la expresión competitividad, llegando a interpretarla como sinónimo de barato, cuando en realidad se estaba hablando de rivalizar por el logro del fin de despertar el interés de compra de una cosa parecida en ciertas características a otra auténtica, pero aprovechando la ignorancia del consumidor.
Dado que la economía es saber distinguir lo superfluo de lo necesario, en el marco económico actual que nos ha tocado vivir, necesitamos administrar convenientemente los bienes más que estudiar la producción en el sistema, o los rendimientos de los factores productivos.

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El tubo fluorescente de Joan.-

A mi amigo Joan le han vendido un tubo fluorescente estropeado y lleva varios días intentando ponerlo en correcto funcionamiento. Ya está hasta la coronilla del inventillo porque cuando acciona el interruptor de la corriente eléctrica se comporta de forma intermitente como si fuese una discoteca y en consecuencia no cumple la finalidad perseguida.
Solicitando mi colaboración, solo sabe explicarme los síntomas pero nada de su montaje y me he acercado a ver la instalación. En principio todo está correctamente ensamblado pero es evidente la intermitancia, por lo que decido que el problema puede estar en el cebador. Lo cambiamos por otro nuevo y continúa con más de lo mismo. Ahora ya solo queda la opción de ser una deficiencia del tubo que, sustituido por otro se observa el correcto funcionamiento.
Para rubricar el empastre de la innecesaria compra de un cebador, se me ocurre una anécdota.
En una ocasión llegó a la Aldea de Anroig un cliente de Art Rustic a pasar el fin de semana. Venía con un flamante coche último modelo de alta tecnología con encendido electrónico integral y casualmente, a la mañana siguiente cuando quiso iniciar un itinerario por el Maestrazgo, el coche no arranca. Su conductor permanece durante un rato cabiloso y finalmente reclama los servicios de mi amigo Joan.
El dueño del llamativo coche que acapara todas las miradas de los vecinos de la Aldea de Anroig, le pregunta a Joan si por allí hay algún mecánico para solucionar el problema del encendido y Joan le aclara que en el pueblo de Chert hay taller, pero en la aldea, está su amigo Julianet que repara mecheros.
Se reclama la presencia de Julianet que después de mucho rascarse la cabeza viendo aquel extraño motor, pregunta:
– ¿Tiene gasolina?.
El dueño de coche responde:
– Ayer noche llené el depósito en la gasolinera antes de llegar a la aldea (otro día contaré el por qué el dueño llenaba el depósito al final del trayecto).
Entonces, está claro, dice Julianet el arreglador de mecheros:
– Si tiene gasolina, el problema del encendido está en la piedra.