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La continuidad del camino ibero.-

Es evidente que los caminos no se acaban en medio de las montañas, su continuidad siempre las atraviesa o bordea pero, en este caso, yo no lo he recorrido y no puedo indicar su paso o trazado, a partir de ahora, se precisa que algún curioso lector del blog lo continúe desde Aguaviva, posiblemente por el Mas de la Matas en la provincia de Teruel y así sucesivamente hasta Finisterre.
Al noroeste de la Península Ibérica, en las tierras de Ourense, León y Bragança, existen minas de estaño y aunque muchas de ellas están actualmente abandonadas, hace algunos miles de años debieron ser importantes explotaciones que atrayeron la visita a nuestro territorio de múltiples pueblos que lo necesitaban y comercializaban para su desarrollo.
La beta más importante de este metal en el mundo, aflora en la Cordillera Cantábrica, se adentra en el Océano Atlántico y de un giro de 360º, vuelve a aparecer hacia el sur de las Islas Británicas. Huelga comentar la necesidad de su traslado y en consecuencia la razón de un camino que, atravesando la Península Ibérica, uniera el Mar Mediterráneo con el Atlántico.

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El camino ibero.-

Llegados y desembarcados en la costa oriental de la península Ibérica, nos adentramos al territorio occidental de nuestro mar Mediterráneo que, si bien en principio era desconocido para el extranjero, con el paso de los años se construyó un camino de tránsito y abandonando el asentamiento costero, nos dirigimos hacia las inseguras tierras de Chert, dónde antaño los íberos nativos, aprovechaban para saquear nuestros tesoros refugiándose en su muela murada o amurallada.
A la distancia aproximada de un día de viaje, la impresionante rambla por la que seguimos paralelos a su curso, coincide en una pequeña aldea que tiene por nombre Anroig (casa de r-o-i-g). Los escasos moradores del lugar, se dedican al cuidado de rebaños de cabras y ovejas y a la agricultura, cultivando la vid y los olivos. En la proximidades, disponen de un importante manantial de agua cristalina.
En la aldea de Anroig, existe una posada que aprovechan los transeúntes o viajeros y las caballerías utilizadas en el transporte de sus bienes, para pernoctar y descansar. Se trata de un asentamiento muy reducido con pocas almas, pero con los servicios necesarios para recuperarse del cansancio del diario caminar.

El mare nostrum.-

Me imagino a los antiguos fenicios navegando por el mar Mediterráneo con aquellas galeras que ilustraban nuestros libros de historia de cuando íbamos a la escuela y que tanto esfuerzo nos exigía su aprendizaje, en las que aparecía un mástil central con una vela rectangular y unos remos laterales que supuestamente eran accionados a pilas de esclavos remando en las inclementes aguas marinas y soportando los embates de las olas, cuando posiblemente solo se usasen para acercarse o alejarse de las orillas costeras al repostar, embarcar o desembarcar.
Tras varias semanas de navegación, una galera fenicia se acercaba a la península Ibérica con viento en popa a toda vela, cuando de repente, divisa a los lejos unas pequeñas islas, se trata de las islas Columbretes que delatan la proximidad de la tierra firme del occidente y el capitán de la nave, manda corregir el rumbo hacia estribor que navegando por una latitud más septentrional, coloca proa en dirección al sur del gran río íbero.
Antes de llegar a su desembocadura, aparece por el horizonte la imagen de la esperada tierra en que la silueta emerge de forma majestuosa en medio del mar. Me refiero a la Chersoneso, lugar de llegada, repostage de provisiones y de agua que abundantemente brota a su alrededor como esculpida en medio de una fuente.

Las atalayas de Alcala.-

En el península Ibérica, las cordilleras van de este a oeste en la meseta, pero queda separada del mar Mediterráneo por la cordillera que le da su nombre, la Ibérica y que sigue un trazado perpendicular de norte a sur. Paralela a ella y hacia el levante, nace la cordillera Catalana que acaba en las atalayas de Alcalá, formando un pasillo interserrado entre las estribaciones orientales de la serranía de Albarracín.
Por su orografía, aunque el sur de la desembocadura del río Ebro puede ser un lugar idóneo para ubicar un aeropuerto, supongo se eligió Villanueva de Alcolea por su resguardo de los fuertes vientos del valle del Ebro y su posición más céntrica en la provincia de Castellón y de esta forma, además, favorecer al máximo número de usuarios de todos los pueblos de la provincia en sus desplazamientos.
Actualmente, la costa de Azahar tiene bastantes servicios, tanto hospitales, como carretera, autopista, línea ferroviaria y playas regeneradas y si el Maestrazgo es buena zona para la ubicación de una cárcel como la de Albocácer, también debe ser un buen lugar elegido por nuestros gobernantes para disponer de otros beneficios como la autovía o el aeropuerto.

EL MAESTRAZGO.-

Reconozco que el nombre es lo suficientemente sugestivo como para que todos quieran arrimar el ascua a su sardina, pero aquí no caben matices, ni voy a andarme por las ramas con medias tintas, las cosas son como son y a quien no le agrade la historia siempre tiene la posibilidad de retroceder las manecillas del reloj y cambiarla.
Las Ordenes Militares nacen con la finalidad de combatir el islamismo por los cristianos en los Santos Lugares y en la Península Ibérica, por tener su propia cruzada durante 800 años, es el único territorio de Europa en el que sus Reyes Cristianos no participan en las Cruzadas a Tierra Santa.
Cuando los Reyes Católicos Dª. Isabel y D. Fernando conquistan Granada, existen en nuestra geografía cuatro grandes Ordenes, la de Santiago, la de Calatava, las de Alcántara y la de Santa María de Montesa. Las tres primeras son absorbidas por la Corona por la innecesidad de su razón de existencia, pero la Orden Militar de Santa María de Montesa, a consecuencia de ser nombrado Papa Alejandro VI y por otro lado constituir un territorio compacto, continúa durante trescientos años más, hasta tiempos de Felipe II, como territorio autónomo y con el nombre de Maestrazgo.
El Maestrazgo está representado por cinco castillos y constituido por los pueblos del norte de la provincia de Castellón de los cuales Carrascal ha desaparecido pero que no va más allá de Sant Mateu, Cervera del Maestre, Cálig de La Torre, San Jordi, Traiguera, Sant Rafael del Riu, Rosell, Canet lo Roig, La Jana, Chert, Tírig, Albocácer, La Salzadella, Ares del Maestre, Benasal, Villar de Canes, Torre d’Embessora, Culla, Adzaneta, Benafigos, Vistabella del Maestrazgo, Vilanova d’Alcolea, Torre Endoménech, Sarratella, Coves, Alcalá de Chivert, Alcocebre, Santa Magdalena de Pulpis, Peñiscola, Benicarló y Vinaròs.
En la relación indicada, no he citado las posesiones que tenía la Orden Militar de Santa María de Montesa en Valencia-Silla, Moncada, Sueca, Ademuz y de Alicante, concretamente en la comarca del Comptat.