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Inesperada patada a la espinilla.-

Parece que hemos perdido la brújula y andamos como dormidos en los laureles culpando a los demás de nuestra situación económica. Algo más de la mitad de las empresas castellonenses no pagan o pagan menos de 20 euros y vuestro presidente, se lamenta que para la gestión interna de la Cámara de Comercio, el texto legal vigente resulta una medida extremadamente precipitada por no haberle dado tiempo para reaccionar a su órgano consultivo y de asesoramiento encargado de identificar las necesidades de las pymes, el que cuida de proponer las medidas para la mejora competitiva y que ejerce de eje vertebrador de la sociedad civil, porque al parecer, no ha podido adaptar el plan estratégico con calma y rigor ahora que se ha dado cuenta de que va a contar con menos de la mitad de los ingresos y evidentemente, ante tal situación, no tiene los deberes hechos y carece de nuevas fuentes de financiación alternativas.
Afortunadamente no podemos poner como escudo protector a las pymes, abogando porque no pagan o pagan poquísimo a cambio de un supuesto apoyo que nadie conoce y dirigido a los más desfavorecidos, cuando en realidad, lo que está en juego es su relajado modo de vivir la vida. Un poquísimo, que según sus propias palabras, parece representar más de la mitad de los ingresos de la Cámara.
Hace unos treinta y cinco años empezaron a nacer las Federaciones y Asociaciones de Empresarios y Comerciantes, quedando evidenciado que las Cámaras de Comercio no cumplían con el espíritu y finalidad de su creación. Corría el año de 1993, cuando las Cámaras de Comercio consiguieron ablandar las mentes de los gobernantes de la época, pero ahora, en el siglo XXI, lo procedente es demostrar al mundo entero que es posible sobrevivir otros cien años sin los recursos camerales obligatorios.

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El registro del nombre de la marca.-

Generalmente se da excesiva importancia al nombre de la marca de un producto y eso ocurre especialmente cuando el producto asociado no tiene alguna cualidad.
La marca y su registro es una forma de pagar impuestos que con la excusa de protección, te autoobligas a pagar los derechos de patente. Con ello, nadie más que tu puede usar el nombre para la clase de artículo que referencia y se supone que cuando te sientes perjudicado por un fraudulento comerciante, puedes acceder a los tribunales para ventilar discrepancias.
Antiguamente, cuando existía similitud fonética, se podía ejercer el derecho de oposición pero actualmente, con el proliferado uso del Internet, con solo cambiar una sola letra el registro queda autorizado.
El nombre de la marca representa solamente la forma de identificar, al igual que el nombre elegido por nuestros padres y asignado cuando nacemos. Mi abuelo Julián Segarra Ferreres registró la marca SEGARRA, mi padre Julián Segarra Ortí registró la marca GRAN MAESTRE y ¡qué!, lo importante es que estas marcas representan los mejores licores que se pueden elaborar en todo el mundo, si algún otro destilador fuese capaz de mejorarlos, la marca registrada no sirve para nada más que engañar al iluso.