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La crisis de quejarse por dar lastima.-

En un documental de la televisión sobre la vida salvaje, aparecían unos listos osos plantados tranquilamente en unas rocas en medio de un río con la boca abierta y unas tontas truchas que pretendiendo superar el desnivel, se esforzaban en saltar desde el agua a contracorriente para colarse directamente en las bocas de los osos.
El festín era de tal magnitud que, durante los días que duró el esfuerzo de las pequeñas truchas por acercarse a desovar en el lugar elegido, los grandotes osos se lo pasaron pipa, pero … se acabó lo que se daba y la crisis truchera obligó a buscarse la vida a cada uno de los listos, inteligentes o pillines descomunales osos.
Se respira en el enrarecido ambiente contaminado del consumismo favorecido por las multinacionales, como un entorno generalizado de psicosis colectiva que obliga a empezar a pensar en comer patata porque el pollo, al parecer, se está acabando y como no reduzcamos nuestro nivel de gasto, léase despilfarro, valorando lo superfluo y lo necesario, cada día que pasa lo vamos a tener más claro.

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Confundir al espabilado y listo.-

Cuando llega el buen tiempo climatológico, todos los seres vivos abandonan el letargo invernal y sin analizar las razones que siempre dependen del medio, se activan y multiplican. Si los intereses para el hombre son concordantes, el milagro es muy bien recibido, pero cuando la evolución conduce al deterioro de un producto o alimento, las personas han intentado detener el avance que no siempre han conseguido.
Entre los productos susceptibles de estropearse con la llegada del verano, está el vino de reducida graduación alcohólica y en presencia del oxígeno, su deterioro conduce a la conversión en vinagre. Este proceso es lento y molecular, por lo que un control acertado y regular nos indica cuando aparece.
Desgraciadamente, la reacción no tiene marcha atrás y cuando empieza a avinagrarse, la salida comercial es destilar el alcohol que queda para recuperarlo, pudiendo utilizar el destilado como disolvente en la industria. Actualmente, gracias al cambio europeo a una legislación permisiva, muchos de estos alcoholes de residuos son aprovechados para uso alimenticio en la elaboración de los licores más competitivos que siempre encontraremos a nuestro alcance en las tiendas no profesionales.