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La curiosidad del cientifico xertoli.-

Cuando hablamos de científicos, nos imaginamos a un bigotudo medio calvo y encorvado de pelo y guardapolvo blanco frente a un encerado. ¡Cuál lejos de la realidad en el caso del científico xertolí!.
Hace unos días recibía por correo electrónico el artículo publicado en el programa de las fiestas de agosto del 2.009 por D. Manel Beltrán Beltrán que nos hablaba de la pluviometría durante los últimos trece años en el tejado de su propia casa, lo que nos daba un giro de tropecientos grados en la idea equivocada del verdadero científico, al descubrir que, para ser estudioso, solo es menester voluntad e imaginación.
Vivimos en una sociedad en la que el dinero es el motor de de misma y para cualquier actividad se precisan de recursos, dejando bien entendido que por definición entendemos dinero, como si el único recursos existente fuese el monetario, olvidándonos que la extensión de la palabrota alcanza también a la imaginación.

Con una maceta vacía, un vaso, una libreta y un lápiz el Sr. Manel Beltrán Beltrán ha estado por lo menos durante los últimos trece años, anotando la cantidad de agua de lluvia caída en el terrado su casa y este año, nos ha presentado su genuino estudio científico a todo el pueblo.
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Caracoles con tomate y cebolla.-

El cambio a luna llena en septiembre nos trajo lluvia para aflojar los granos de las uvas de su pedúnculo y favorecernos con perder la cosecha, pero como cualquier labrador del Maestrazgo, ya estoy acostumbrado a estas situaciones en las que las condiciones meteorológicas hacen que nunca llueva a gusto de todos.
La semana pasada fui a visitar las vides para comprobar el estado de maduración de las uvas y preparar la bodega para prensar la vendimia. Aprovechando la salida campera, me di un garbeo y recogí unos pocos caracoles que estaban saludándome para que los llevase a darles un paseo con la furgoneta de SEGARRA que siempre se agradece.
Durante unos días han estado comiendo harina en casa y hoy por la mañana he visto como se afanaban por entrar en la cazuela para que almorzase caracoles con tomate y cebolla. Al chuparlos, hacia más ruidera que Sayyid Jacmet, “aprendiz de conquistador”, cuando los probó por primera vez en la Aldea de Anroig.

Las lagrimas de San Lorenzo.-

Las estrellas fugaces pueden verse durante todo el año pero es durante los últimos cinco días la primera quincena del mes de agosto cuando la órbita de nuestro planeta cruza una nube de partículas perdidas por el cometa Swift-Tuttle desde cuando se acercó al Sol y lo que produce la lluvia de las Perseidas. Su nombre, es debido a que las trazas parecen provenir de una zona situada en la constelación de Perseo y el de lágrimas de San Lorenzo, es porque esta lluvia de estrellas se produce alrededor del 10 de agosto, festividad de San Lorenzo.
Los mejores lugares donde se puede disfrutar de este espectáculo suelen ser los menos poblados o en las ciudades muy pequeñas, porque las luces de las grandes ciudades molestan la visión del firmamento nocturno y no permiten apreciar ni tan solo la vía láctea. Cuando la luminosidad ambiental del entorno es muy grande, solo se pueden ver las trazas más grandes.
En estos veraniegos días en los que la noche invita a disfrutar del fresco, aprovechando el cruzar con los restos de la cola del cometa y el hecho de que el número de estrellas fugaces avistadas puede aumentar considerablemente, la Unidad de Observación Astronómica del Maestrazgo en Chert está súper activa en la organización de la observación nocturna.

El obsequio de mis amigos.-

   Este año la climatología ha permitido el crecimiento de las setas en los montes del Maestrazgo y como ayer se seleccionaron los ejemplares que recolectamos para la V Exposición de Setas El Pinar inaugurada ahora hace un instante en el Grao de Castellón, mis amigos José María, Javier y Carlos Armengol Adell, han querido agasajarme con algunos ejemplares de níscalos, conocidos como rovellones, sabedores de ser los que a mi más me gustan.

   En la imagen podemos contemplar la caja que contiene el presente delicioso regalo que hoy mismo voy a degustar.

El dia de fiesta.-

Los truenos de esta mañana, han despertado mi plácido sueño, San Pedro estaba cambiando cajas en el cielo y por eso hacía tanta ruidera, o tal vez, como ayer se celebró el día de San Mateo, hoy retiraban los carafales de los festejos celestiales, pero en cualquier caso, la lluvia que acompañaba posteriormente a los truenos, no solamente nos permite celebrar el día de trabajo libre de faena, sino que nos favorece con la pérdida de parte de la cosecha, la que aún está pendiente de recolección.
Así es la vida del campo, todo el año haciendo los deberes con nuestras obligaciones cotidianas y cuando estás a punto de recoger el fruto de tu trabajo, unas simples inclemencias meteorológicas de última hora, acaban con tus ilusiones y te hundes en la impotencia de no poder hacer nada, aunque bien pensado, estas lluvias impertinentes, nos favorecen con la innecesidad de continuar el esfuerzo de la recolección siempre tan sacrificado.
El preciso instante de la publicación de este artículo en el blog, debería coincidir astronómicamente con el cambio de solsticio de verano con el solsticio de otoño y como cuando se trata de celebraciones, cualquier excusa es buena, durante los días en los que la tierra del campo permanezca mojada, vamos a celebrar el final de la recogida de la cosecha con muy buena cara.

El dia de fiesta.-

Los truenos de esta mañana, han despertado mi plácido sueño, San Pedro estaba cambiando cajas en el cielo y por eso hacía tanta ruidera, o tal vez, como ayer se celebró el día de San Mateo, hoy retiraban los carafales de los festejos celestiales, pero en cualquier caso, la lluvia que acompañaba posteriormente a los truenos, no solamente nos permite celebrar el día de trabajo libre de faena, sino que nos favorece con la pérdida de parte de la cosecha, la que aún está pendiente de recolección.
Así es la vida del campo, todo el año haciendo los deberes con nuestras obligaciones cotidianas y cuando estás a punto de recoger el fruto de tu trabajo, unas simples inclemencias meteorológicas de última hora, acaban con tus ilusiones y te hundes en la impotencia de no poder hacer nada, aunque bien pensado, estas lluvias impertinentes, nos favorecen con la innecesidad de continuar el esfuerzo de la recolección siempre tan sacrificado.
El preciso instante de la publicación de este artículo en el blog, debería coincidir astronómicamente con el cambio de solsticio de verano con el solsticio de otoño y como cuando se trata de celebraciones, cualquier excusa es buena, durante los días en los que la tierra del campo permanezca mojada, vamos a celebrar el final de la recogida de la cosecha con muy buena cara.