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Llover un dia sin colegio.-

Durante todo el verano al levantarme, he comprobado como la mitad de las luces de las farolas del pueblo estaban apagadas. Un buen día me asomé a la calle al acostarme y observé como solo la mitad de las farolas del pueblo de Chert estaban encendidas. No se trataba de un dispositivo electrónico de alta tecnología de vanguardia el que controlaba el sistema, sino que para evitar un derroche innecesario de consumo de energía eléctrica, el Consistorio Municipal decidió reducir a la mitad la luminosidad callejera por estimarse harto suficiente.
Hoy me he percatado que en la calle Santa Isabel Reina de Hungría se ha cambiado la placa indicativa, siendo sustituida la de granito o mármol natural allí existente, por otra de cerámica con filigranas valencianas. Es evidente que cada cual tiene sus manías incurables por la medicina y aunque nuestras decisiones afectan al resto de los vecinos con los que convivimos, no siempre pueden ser bien recibidas o efusivamente aplaudidas.
Chert es un pueblo de picapedreros perdido entre las montañas del Maestrazgo que, por razones históricas, como vecino, me siento más unido a los pueblos del delta del río Ebro que a los valencianos de las inmediaciones de Valencia del Cid y aunque en su día también fuimos alfareros, con las cerámicas valencianas necesitaré tiempo para acostumbrarme porque de repente, es que no me identifico.

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La luna nueva de julio.-

Después del solsticio de verano, la primera luna nueva coincide con los primeros días del mes de julio en una época climatológica favorable para permanecer de noche con la naturaleza sin excesivo abrigo y el pasado miércoles, Dª. Adela Ferrer aprovechó un correo electrónico para recordarme la situación astronómica que nos permite contemplar el cielo con todo su esplendor sin la luminosidad del reflejo lunar, pudiendo disfrutar del relajante firmamento, observar las constelaciones y aunque desconozcamos sus nombres, descubrir las lejanas estrellas.
Los pueblos pequeños en los que la iluminación callejera es algo deficiente, son algunos de los pocos lugares de reducida contaminación lumínica pero, si vivimos en el campo alejados suficientemente de los grandes núcleos urbanos o importantes ciudades, gozamos del privilegio de las condiciones magníficas para la observación estelar en absoluta oscuridad que nos permite el disfrutar incluso a simple vista sin necesidad del telescopio.
Una de las primeras actividades y tal vez la más fascinantes en la observación astronómica, es nuestra capacidad de orientación, para lograrlo, os recomiendo la lectura previa el trabajo de D. Juan Pablo Candela Puig de Elche que, con la ayuda de la Constelación de la Osa Mayor podremos fácilmente localizar la Estrella Polar y aunque no sea la más luminosa del firmamento, al rato de la relajante y emocionante observación nocturna, sabiendo que quien realiza al movimiento de rotación es nuestro planeta Tierra, te percatas como la inmensa bóveda celeste parece girar entorno a ella.