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La Fabrica Nacional de Moneda y Timbre.-

Cuando hay un movimiento bursátil de valor en el dinero, vemos en las imágenes televisivas la película de una máquina de la Fabrica Nacional de Moneda y Timbre haciendo hojas de billetes de 50 euros. A mi me agradaría verlos de 50.000 euros pero dado que aún no existen, me conformaría con los de 500 euros. Estas llamativas imágenes inducen al error de pensar que los Gobiernos Occidentales tienen las máquinas en funcionamiento todos los días del año, incluso en los años bisiestos y para ellos, el disponer de dinero no es problema por ser los propietarios de las máquina de fabricarlos, por consiguiente, como ciudadanos de a pie, no debemos preocuparnos al estar salvados por una máquina que no se avería nunca y ante cualquier imprevisto, siempre está el Estado para subvencionarnos.
Cada vez que sale un billete en circulación, el valor del resto desciende proporcionalmente. El gran problema para los Estados Europeos y por extrapolación para sus ciudadanos, es que con las máquinas de hacer billetes no tienen suficiente dinero y precisan pedir aportaciones a los Contribuyentes.
Afortunadamente la cantidad de Contribuyentes va descendiendo progresivamente cada año y como no inventemos máquinas de hacer billetes de 10.000 euros para regalarlos a quienes acreditan estar necesitados, en pocos años lo vamos a tener pero que muy claro.

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Confundir la precaucion con el miedo.-

Hace tan solo 90 años, las carreteras de nuestra geografía del Maestrazgo empezaron a ser invadidas por unas infernales máquinas que corrían más que andaban, alcanzando una vertiginosa velocidad de 40 km./h. delante de una polvareda que espantaba a todos los demás viandantes.
Sus conductores, provistos de una prenda de vestir a modo de bata llamada guardapolvo y una gorra, evitaban en lo posible las turbulencias atmosféricas que elevaban a su paso y que conseguían despertat todas las maldiciones de quienes se topaban.
Hoy las vías interurbanas han cambiado, tanto por los firmes como por el trazado y hay unas velocidades de circulación máximas y mínimas que no podemos ni superar, ni rebajar y cuando circulemos a velocidades anormalmente deducidas por cualquier razón, deberemos hacerlo lo más cerca posible del borde derecho de la calzada junto a la cuneta, con el fin de no entorpecer al resto de los usuarios. Ver Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, aprobado por R. D. Legislativo 339/1990 de 2 marzo. (BOE de 20-12-2001), porque hay algunos chóferes especializados que con sus muevos vehículos recien matriculados andan menos que el tanque de SEGARRA soplándole de frente.

Las Galletas Royo.-

Fue una de las vistas mas emocionantes de mi vida y de la que guardo el gratísimo recuerdo de los que nunca se olvidan. En Zaragoza, visitamos entre otras cosas a los dueños del establecimiento GALLETAS ROYO, pero todo en castellano, allí había que hablar con la lengua traductora.
La pasta de las galletas estaba en un cajón y una cuchilla las cortaba en finas láminas que unidas a las obleas se hacían las galletas. En una sierra parecida a las que en Chert usan los carpinteros para cortar la madera, estaban cortando las galletas en plan salvaje o industrial, junto a la máquina, los recortes sobrantes caían dentro de una caja preparada al efecto y las galletas viena eran cuidadosamente amontonadas en otra.
El Sr. Royo, mientras hablaba con mi padre, me invitó a degustar los trozos sobrantes de los que había cortado la máquina. Evidentemente no me lo pensé dos veces, la vergüenza me la había dejado en el pueblo y me puse de recortes de galleta Royo como un pavo. Nunca en mi vida había comido tanta galleta, tan rica y tan sabrosa. Cuando ya no quise comer más galleta, el Sr. Royo me sonrió pícaramente y tomando una caja del estante, me la regaló para mi madre que, al llegar a casa, nos la comimos entre toda la familia durante unos días.

Una inquietud historica.-

Aunque mi afición siempre se centró en la electrónica y durante muchos años estuve jugando con sus componentes haciendo montajes experimentales de entre los cuales y como bien se puede comprobar, alguno está referenciado en Internet, la llegada del ordenador me ha cambiado la vida.
Autoaprendí a programar como una curiosidad más y en pocos años, la revolución del sistema informático personal, ha hecho posible que cualquier persona que sepa escribir con una máquina, pulsando las teclas de su computadora, pueda publicar al mundo sus inquietudes.
De entre ellas, hay una que especialmente despierta mi curiosidad y con el fin de colaborar aportando mi escasa sapiencia que, no estando escrita en ningún libro, es un sentimiento que circula por la sangre que corre por mis venas, es mi deseo durante unos días, presentar varias desconcertantes, llamativas, curiosas o simpáticas intervenciones en este blog.