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El milagro de la primavera.-

El buen tiempo ha hecho su aparición con la venida de la primavera y la naturaleza se ha vestido de flores. Para los labradores, empieza una de las actividades más cansada y agotadora con la poda de las cepas y la recogida de los sarmientos, dice el sabio refranero popular que: “Si vols beure vi i minja pa, sembra pronte y poda tardà”.
Quienes empezaron a podar a finales de febrero, con el buen tiempo climatológico de mediados de marzo las cepas han avanzado su actividad vegetativa y a esta época del año, ya tienen las yemas a punto de brotar, lo malo de ser tan trabajador es el no observar que la luna llena de marzo rige Saturno que por su naturaleza fría, aún tiene que hacer notar el frío primaveral con señales de humedad en las capas bajas y aunque a mediados de marzo subieron las temperaturas, siempre hay un cambio previo a la inestabilidad que para abril, con La Luna en conjunción con Saturno esperaremos humedad y viento.
En abril tendremos días desapacibles y alguna ventisca del norte nos traerá el frío de Tramontana hasta finales de mes, en que como todos los años, sufriremos de “La ventà de Sant Marc“, por ello, atendiendo el refranero: “Per Sant Josep, vinyes per podar i homens per confesar”, empecé hace tan solo unos días a podar la viña.

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Confundir al espabilado y listo.-

Cuando llega el buen tiempo climatológico, todos los seres vivos abandonan el letargo invernal y sin analizar las razones que siempre dependen del medio, se activan y multiplican. Si los intereses para el hombre son concordantes, el milagro es muy bien recibido, pero cuando la evolución conduce al deterioro de un producto o alimento, las personas han intentado detener el avance que no siempre han conseguido.
Entre los productos susceptibles de estropearse con la llegada del verano, está el vino de reducida graduación alcohólica y en presencia del oxígeno, su deterioro conduce a la conversión en vinagre. Este proceso es lento y molecular, por lo que un control acertado y regular nos indica cuando aparece.
Desgraciadamente, la reacción no tiene marcha atrás y cuando empieza a avinagrarse, la salida comercial es destilar el alcohol que queda para recuperarlo, pudiendo utilizar el destilado como disolvente en la industria. Actualmente, gracias al cambio europeo a una legislación permisiva, muchos de estos alcoholes de residuos son aprovechados para uso alimenticio en la elaboración de los licores más competitivos que siempre encontraremos a nuestro alcance en las tiendas no profesionales.