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El tubo fluorescente de Joan.-

A mi amigo Joan le han vendido un tubo fluorescente estropeado y lleva varios días intentando ponerlo en correcto funcionamiento. Ya está hasta la coronilla del inventillo porque cuando acciona el interruptor de la corriente eléctrica se comporta de forma intermitente como si fuese una discoteca y en consecuencia no cumple la finalidad perseguida.
Solicitando mi colaboración, solo sabe explicarme los síntomas pero nada de su montaje y me he acercado a ver la instalación. En principio todo está correctamente ensamblado pero es evidente la intermitancia, por lo que decido que el problema puede estar en el cebador. Lo cambiamos por otro nuevo y continúa con más de lo mismo. Ahora ya solo queda la opción de ser una deficiencia del tubo que, sustituido por otro se observa el correcto funcionamiento.
Para rubricar el empastre de la innecesaria compra de un cebador, se me ocurre una anécdota.
En una ocasión llegó a la Aldea de Anroig un cliente de Art Rustic a pasar el fin de semana. Venía con un flamante coche último modelo de alta tecnología con encendido electrónico integral y casualmente, a la mañana siguiente cuando quiso iniciar un itinerario por el Maestrazgo, el coche no arranca. Su conductor permanece durante un rato cabiloso y finalmente reclama los servicios de mi amigo Joan.
El dueño del llamativo coche que acapara todas las miradas de los vecinos de la Aldea de Anroig, le pregunta a Joan si por allí hay algún mecánico para solucionar el problema del encendido y Joan le aclara que en el pueblo de Chert hay taller, pero en la aldea, está su amigo Julianet que repara mecheros.
Se reclama la presencia de Julianet que después de mucho rascarse la cabeza viendo aquel extraño motor, pregunta:
– ¿Tiene gasolina?.
El dueño de coche responde:
– Ayer noche llené el depósito en la gasolinera antes de llegar a la aldea (otro día contaré el por qué el dueño llenaba el depósito al final del trayecto).
Entonces, está claro, dice Julianet el arreglador de mecheros:
– Si tiene gasolina, el problema del encendido está en la piedra.

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El diodo luminiscente led.-

Desde hace más de treinta años estoy usando el diodo led en algunos de los circuitos electrónicos diseñados. Su aplicación en los montajes, puede servir para darnos un control sobre la existencia de tensión, de hecho, en la furgoneta de SEGARRA llevo uno para saber, cuando una bombilla no funciona, si es debido a que se ha fundido el filamento, es por la aparición de óxido entre el casquillo con su soporte o es por falta de tensión eléctrica.
En la época que estuve jugando con los circuitos lógicos, me servía también para darme información sobre el estado de las puertas y los prefería sobre los neones porque trabajaban con tensiones muy bajísimas que generalmente no alcanzaban el umbral de encendido del neón.
El diodo luminiscente conocido como led (Light Emitting Diode), emite una pequeñísima luminosidad cuando entre el ánodo y el cátodo hay un diferencial de tensión, propiciando el paso una pequeña corriente eléctrica capaz de la emisión del fotón y para poder ser bien visualizada físicamente, en su proceso de fabricación, el soporte se construye en forma de lente óptica, lo que favorece su luminosidad y aplicación también en la vida ordinaria que podemos encontrar incluso en los mandos a distancia o en los lectores de disquetes.
Parece ser que las Autoridades Municipales acaban de descubrir su existencia y para colaborar en la sociedad del consumo, están cambiando los focos y luces de los semáforos por este sistema de información óptica con el pretexto de reducir la contaminación atmosférica en no sé cuantos millones de toneladas de anhídrido carbónico. ¡Al final, los causante de la contaminación serán los mismísimos Ayuntamientos!, especialmente con los residuos de semáforos desechados en pleno uso.

Una inquietud historica.-

Aunque mi afición siempre se centró en la electrónica y durante muchos años estuve jugando con sus componentes haciendo montajes experimentales de entre los cuales y como bien se puede comprobar, alguno está referenciado en Internet, la llegada del ordenador me ha cambiado la vida.
Autoaprendí a programar como una curiosidad más y en pocos años, la revolución del sistema informático personal, ha hecho posible que cualquier persona que sepa escribir con una máquina, pulsando las teclas de su computadora, pueda publicar al mundo sus inquietudes.
De entre ellas, hay una que especialmente despierta mi curiosidad y con el fin de colaborar aportando mi escasa sapiencia que, no estando escrita en ningún libro, es un sentimiento que circula por la sangre que corre por mis venas, es mi deseo durante unos días, presentar varias desconcertantes, llamativas, curiosas o simpáticas intervenciones en este blog.