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La caducidad del brandy SEGARRA.-

Existe en el mundo un personaje que, comercialmente hablando anda por la vida a pie, ignorando el carril de la alta velocidad que hoy por hoy es el que marcan las multinacionales y aún continúa elaborando el brandy a partir de alcohol destilado de vino apto para ser consumido y no utilizando el aprovechamiento de los residuos vínicos que tan de moda proliferan en los competitivos mercados.
Aunque no viene rotulado en la etiquetas de las botellas de Brandy del Maestrazgo el tiempo de crianza en barril de roble, ni que la caducidad de tal licor es determinante para la adquisición de una nueva botella, su consumo, siempre es preferente sobre los demás brandyes por sus singulares características organolépticas que marcan la grandísima diferencia entre lo natural y lo sintético de laboratorio.
El envasador de tan excelente elixir, que en este caso coincide con el mismísimo destilador, coloca pícaramente en cada una de la botellas, un tapón de fácil ajuste y cada vez que se destapa, se evapora una copa, si estás en compañía dos y como vengan los amigos de visita por casa, se te evapora la botella entera.

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