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De los terremotos y los maremotos.-

Sabemos que el periodista va detrás de la noticia fácil y cuanto más aparatosa mejor, porque su profesionalidad le ha enseñado del morbo de las personas y ha aprendido del negocio del marketing de la crónica novedosa y se emplea a fondo en ofrecer el reportaje de lo que realmente vende.
Parece como si cuando fuimos a la escuela no aprendimos nada o más bien poco, porque de repente se nos invaden las pantallas de la televisión hablándonos y mostrándonos una imagen catastrófica de la fuerza devastadora de las olas cuando son generadas no por el viento que ya nos tiene acostumbrados, sino por el movimiento de las placas tectónicas.
Como quiera que no tengo TDT en casa, ando por la vida un tanto despistado, pero en los informativos, solo se nos habla de la peligrosísima central nuclear de Fukushima que está resistiendo al desastre, dando la impresión de que los muertos y desaparecidos nipones fuese algo sin importancia y lo realmente significativo, fuesen los micro niveles de radicación que puedan llegar a las costas occidentales estadounidenses en el caso de una supuesta explosión en el Japón que como quiera que ya han sobrevivido a otras anteriores, no es novedoso ni precisan de ayuda humanitaria.
No os podéis imaginar como es de agradecido el Pueblo del Sol Naciente cuando recibe un correo en estas circunstancias sabiendo que al otro lado del computador hay personas que les aprecian en el dolor.

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El mare nostrum.-

Me imagino a los antiguos fenicios navegando por el mar Mediterráneo con aquellas galeras que ilustraban nuestros libros de historia de cuando íbamos a la escuela y que tanto esfuerzo nos exigía su aprendizaje, en las que aparecía un mástil central con una vela rectangular y unos remos laterales que supuestamente eran accionados a pilas de esclavos remando en las inclementes aguas marinas y soportando los embates de las olas, cuando posiblemente solo se usasen para acercarse o alejarse de las orillas costeras al repostar, embarcar o desembarcar.
Tras varias semanas de navegación, una galera fenicia se acercaba a la península Ibérica con viento en popa a toda vela, cuando de repente, divisa a los lejos unas pequeñas islas, se trata de las islas Columbretes que delatan la proximidad de la tierra firme del occidente y el capitán de la nave, manda corregir el rumbo hacia estribor que navegando por una latitud más septentrional, coloca proa en dirección al sur del gran río íbero.
Antes de llegar a su desembocadura, aparece por el horizonte la imagen de la esperada tierra en que la silueta emerge de forma majestuosa en medio del mar. Me refiero a la Chersoneso, lugar de llegada, repostage de provisiones y de agua que abundantemente brota a su alrededor como esculpida en medio de una fuente.