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Por nacer demasiado pronto.-

Hace tan solo medio siglo se aplaudía el criterio de que los pueblos debían de desaparecer y se potenciaba desde los organismos gubernamentales, el traslado o la creación de empresas a las grandes ciudades o en las capitales de la provincia. Años más tarde los Servicios de Extensión Agraria se acercaban a los pueblos del Maestrazgo para aconsejar a los labradores que arrancasen los olivos milenarios y plantasen olivos jóvenes con mayor densidad en cuanto al número de ejemplares por hectárea, tratando de impulsar la sobreexplotación intensiva.
En pleno auge democrático, cuando se creaba una nueva empresa o se realizaba un simple cambio de titularidad, en función de las atribuciones conferidas por el ordenamiento legal vigente, se giraban visitas de Inspección y Control para tomar muestras y precintar existencias sin existir razones justificativas pero con la advertencia de imponer sanciones en su máximo grado y con la amenaza de hundir al empresario.
El paso del tiempo ha evolucionado y también ha modificado la mentalidad de los dirigentes y hoy se han creado los Servicios de Promoción Económica y Relaciones Internacionales a disposición de todas las empresas y personas emprendedoras con la intención de promover el desarrollo económico y social de las comarcas del interior de la provincia e impulsar un rimbombante y diverso abanico de programas desconocidos entre los que procede destacar el apoyo empresarial.
Acostumbrados a recibir caprichosas zancadillas, los emprendedores actuales están esperando a que las mentes pensantes creadoras de los programas para Talleres de Emprendedores acrediten su sapiencia con sus productos, mercados y datos financieros, con el fin de demostrar ser capaces de identificar las necesidades y las oportunidades para los negocios de los supuestos Técnicos de Empresa, muy bien documentados para realizar un análisis que proporcione la base de un diagnóstico y a la vez nos confirmen, su buen hacer relacionado con los aspectos relativos a la estrategia, la gestión, el marketing, las ventas y las finanzas.

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La loteria de Navidad.-

Estuve toda la noche soñando con las mil pesetas, quiero decir con los mil euros y que me había tocado el primer premio (en España le llaman gordo) de la lotería de Navidad. La cantidad de dinero era de tal magnitud que han tenido que construir el ferrocarril de Castellón a Chert, para poder traerme los vagones cargados de sacos de billetes de 1000 euros. Por no saber por dónde empezar, se me ocurrió colocar los sacos de los billetes debajo de la cama y al final para acostarme tenía que acceder por medio de una escalera de las que utilizamos en la poda de los grandes olivos milenarios porque la cama tocaba en el techo y como era muchos sacos, para que me cupiesen en el almacén, los he tenido que apilar hasta el techo, con tan mala fortuna que una pila, ladeándose, me ha caído detrás de la puerta y no podía entrar, al final por la chimenea metía el brazo y sacaba los billetes que podía pero no alcanzaba el resto, ¡menudo disgusto!, tenía todo el dinero de la lotería de Navidad y era preso en la calle de mi propia codicia. Al despertar, le doy un cabezazo al techo y me hago un chichomazo que parecía que me iba a salir un cuerno, ¡che!, con lo feliz que era yo siendo el coñaquero de Chert por ser el último y único destilador del Maestrazgo y el premio de la lotería no me ha llevado más que malos sueños y quebraderos de cabeza (lo digo por el chichón), aunque bien pensado, he podido ver todas las estrellas del firmamento chertolí sin necesidad del telescopio de la unidad de observación astronómica del Maestrazgo en Chert.
Para colmo de recochineo, al ir a almorzar, he visto y oído en la televisión como los niños del colegio de San Ildefonso de Madrid cantaban los números y los premios de la lotería. Salgo a la calle, me siento en un banco de piedra que hay en el paseo y como el Sol lucía cálidamente con todo su esplendor, el que tanto se agradece en los fríos días de invierno, he disfrutado como un rey almorzado tranquilamente, para postre, me he tomado un carajillo SEGARRA y me he dado cuenta que soy el hombre más rico del mundo. Tengo salud para comerme un bocadillo sentado al sol, no necesito el dinero porque tampoco estoy ilusionado en gastarlo y además, estoy enamorado.