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Dejar salir antes de entrar.-

Las personas públicas de nuestro país, han querido manifestar transparencia al resto de los ciudadanos y han publicitado su patrimonio, lo que ha motivado un acceso masivo de cotilleo para saber de sus propiedades, motivando el bloqueo del espacio web por una gran afluencia de chismosas vistas y acreditando que la frase de que en Internet cabemos todos, no llega a ser del todo cierta a tenor de los comentarios televisivos de estos últimos días sobre su colapso.
Personalmente me trae sin cuidado la situación del resto de mis vecinos por tener obligaciones más importantes en las qué pensar y atender y no digamos del patrimonio de los alejados, pero en este caso, lo importante no es lo declarado a la entrada de la legislatura sino también, la correspondiente declaración a la salida que, en el supuesto caso de no existir acumulación ni generación, debería ser coincidente.
Porque si bien es cierto que todas las personas somos iguales ante la Ley, habrá que empezar a valorar si la Ley es igual para todas las personas, ya que mientras unas exigen sus derechos de ayudas a las Instituciones, las otras son quienes atienden formalmente la obligación de pagar los Impuestos o Contribuciones.

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El olivo milenario del Maestrazgo.-

Un patrimonio personal de los labradores de esta olvidada tierra levantina que siempre pagaron religiosamente los derechos reales de sucesión y transmisión de padres a hijos durante todas las generaciones que nos han precedido y las contribuciones y tributos por conservar y cuidar el suelo para obtener un producto, el aceite de aceituna farga desprestigiado e infravalorado por el comerciante y el consumidor. Y como propietario de una cosa, puedo decidir sobre ella, quemándola, abandonándola, cuidándola o vendiéndola.
Esta realidad social por la que los labradores del Maestrazgo no conseguimos obtener rendimiento de nuestras actividades agrícolas, ha conducido a tomar la sabia decisión de malvender los olivos enteros para otros fines diferentes a la producción de aceite; unos majestuosos olivos que para cabar su tallo con la azada al objeto de retirar sus brotes bordes, se precisa en algunos casos de media hora de reloj haciendo transpiración deportiva que significa sudando.
Los labradores del Maestrazgo, no precisamos reconocimiento ni protección de nuestra propiedad, ni de lo que en ella tengamos plantado o cultivemos, ni regulaciones de compraventa, ni influencia en la cesta de la compra, es suficiente solamente, que se nos coticen los productos de nuestra actividad agrícola por el valor acorde con el esfuerzo invertido en su obtención.

Los derechos de los clandestinos.-

Que siempre están por encima de las obligaciones de los legales con el beneplácito que quienes aportan poco esfuerzo y sudor a las Arcas de Tesoro Público, confundiendo la solidaridad de boquilla hacia el sinvergüenza, con la necedad.
Este año en las declaraciones fiscales se ha suprimido el impuesto sobre el patrimonio, un impuesto que gravaba a las personas que ahorraban parte de sus ingresos procedentes del trabajo personal y lo reinvertían en la creación de riqueza.
Para marear la perdiz, parece ser que la culpa de los males sociales actuales está en los paraísos fiscales, a donde algunos se llevan supuestamente el dinero que ganan y pagan los impuestos que les corresponde acorde con el ordenamiento legal de su situación fiscal.
En el Reino de España, por trabajar, se gana un dinero, por ganarlo, se pagan unos impuestos y con el sobrante, haces lo que te apetece, pero lo que no se puede es gastar el dinero que no has ganado.