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Maestrazgo de origen o de nombre.-

Por razones históricas y no político-comerciales modernas nací y elegí vivir en una tierra poblada originalmente por íberos que fue la última en incorporarse al Reino de España y por esta anecdótica razón, se la conoce desde la Corona con el nombre de Maestrazgo, en valenciano Maestrat por ignorancia social actual.
Como nombre geográfico, por ley solo pueden y deben usar como denominación geográfica y no marca quienes realmente desarrollen actividades económicas dentro de sus límites para distinguirlos del resto de los comerciantes que a su vez también trabajan en sus respectivos lugares de trabajo en otras zonas diferentes con labores similares.
Con la incorporación en las modernas tecnologías de la comunicación, los sistemas de control gubernamental permiten la comercialización de exóticos artículos que elaborados fuera de nuestro Maestrazgo sean representativos del Maestrazgo solo por venderse en el Maestrazgo. ¡Forasters vindràn que de casa mos trauràn!.

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La vision de futuro del dirigente social.-

Es muy difícil esperar iniciativas de las personas que no las tienen. Cuando elegimos a nuestros representantes políticos, ellos saben que el cargo es para unos pocos años y su perspectiva de futuro, no va más allá de la punta de sus narices. Su inversión personal es nula y el riesgo, solo consiste en quedarse como estaban.
En las actividades económicas en las que nos jugamos nuestros ahorros personales, las cosas cambian, el futuro lo vemos a largo plazo y es muy fácil entender como una persona haga realidad proyectos sociales sin esperar nada a cambio porque cualquier iniciativa por anormal que parezca, además de una simple satisfacción personal, puede representar también un beneficio indirecto a nuestra propia actividad.
El desconcierto aparece cuando terceros se quieren aprovechar de nuestro abnegado, cotidiano y callado trabajo personal y descubren atónitos que el autor de la iniciativa exige los derecho que legalmente le corresponden, corriendo el riesgo de encontrarse con un susto mayúsculo por carecer de ideas y ser del club de los copiones que copian las ocurrencias de los demás.