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La caza en el parany.-

Hace unos meses se dictó una nueva Sentencia de la Audiencia Provincial de Castellón desestimando un recurso presentado por el Ministerio Fiscal contra un paranyer que era considerado nada más y nada menos como delincuente por disponer de un parany en una finca de su propiedad.
El pasado día 19 de mayo el Tribunal Constitucional emitía un auto por el que suspende este tipo de caza tradicional a la espera de que que el máximo órgano jurídico determine la constitucionalidad de la ley autonómica de caza.
Y en todo este desaguisado, supongo que algo tendrán que decir la Consejería de Medio Ambiente y las ONG’s medioambientales defensoras de la biodiversidad, porque lo que realmente importa saber al sufrido labrador cosechero recolector de aceitunas es saber si la manutención de las especies protegidas correrá por cuenta de los abanderados reivindicadores como el Ministerio Fiscal o continuarán siendo los currantes de siempre, ahora acusados delincuentes.

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La curiosidad del cientifico xertoli.-

Cuando hablamos de científicos, nos imaginamos a un bigotudo medio calvo y encorvado de pelo y guardapolvo blanco frente a un encerado. ¡Cuál lejos de la realidad en el caso del científico xertolí!.
Hace unos días recibía por correo electrónico el artículo publicado en el programa de las fiestas de agosto del 2.009 por D. Manel Beltrán Beltrán que nos hablaba de la pluviometría durante los últimos trece años en el tejado de su propia casa, lo que nos daba un giro de tropecientos grados en la idea equivocada del verdadero científico, al descubrir que, para ser estudioso, solo es menester voluntad e imaginación.
Vivimos en una sociedad en la que el dinero es el motor de de misma y para cualquier actividad se precisan de recursos, dejando bien entendido que por definición entendemos dinero, como si el único recursos existente fuese el monetario, olvidándonos que la extensión de la palabrota alcanza también a la imaginación.

Con una maceta vacía, un vaso, una libreta y un lápiz el Sr. Manel Beltrán Beltrán ha estado por lo menos durante los últimos trece años, anotando la cantidad de agua de lluvia caída en el terrado su casa y este año, nos ha presentado su genuino estudio científico a todo el pueblo.

Del oficio de comerciante al aprecio del cliente.-

El Internet nos ofrece múltiples posibilidades para poder encontrar información al alcance de un solo clik del ratón, pero como en todas las actividades de la vida, afortunadamente, siempre hay un “pero” y en este caso, no se puede encontrar “todo” porque para poder encontrar “algo” primero ha tenido que existir “alguien” que lo hay publicitado.
Los publicistas son unos personajes con grandes estudios publicitarios y con más grandes recursos, especialmente en los tiempos actuales que cualquiera desde su casa, tiene acceso de forma inmediata a toda la información publicitada en la red de Internet, pero desgraciadamente no “todos” conocen el funcionamiento de los negocios por una razón tan simple cual es su ignorancia. Ignorancia, no de quien no sabe, cuando digo ignorancia, me refiero a la ignorancia de quien no quiere saber.
Para aprender a soplar la flauta, hay que soplar muchas veces la flauta mal soplada, escuchar nuestros malos soplidos y saber aprender a reparar y mejorar nuestros propios errores, para ello, no es suficiente con haber cursado estudios de nivel superior en marketing, sino que también es muy importante, la experiencia generacional que solo se obtiene en la escuela de la vida. ¡Ahí encontrarás la gran diferencia de ser el mejor en mi oficio!.

La venta del jabonero.-

A principios del siglo XX estaba regentada por sus propietarios la familia Royo. El matrimonio tenía tres hijos y una hija. Por la escasez de recursos económicos del lugar y por la relación comercial con mi abuelo, Julián Segarra Ferreres aconsejó al Sr. Royo que enviase a uno de su hijos a aprender en un comercio y Manuel, fue de dependiente a un establecimiento de Morella. Al paso del tiempo, Gabriel también se acercó a Morella para estudiar en las Escuelas Pías y con la intención de cursar estudios de magisterio para hacerse maestro, marchó a Zaragoza. En la calle Bogiero ¿108?, subiendo a mano derecha, en donde se estrecha la calle, había un tienda de galletas en venta y llamó a su hermano Manuel para comprarla. Manuel atendía el establecimiento mientras Gabriel visitaba clientes y entre los dos montaron el negocio de GALLETAS ROYO. El Sr. Gabriel se casó de mayor y tuvo un hijo que estudió medicina.
Al paso de los años, se incorporó al negocio el hermano Juan, comprando un local en la calle Navarra y construyendo un horno de fabricación en continuo en el que por un lado entraban las galletas en pasta y por el otro extremo salían cocidas. Es anecdótico mencionar que les alquilaron una iglesia y la utilizaban como almacén.
Con escaso tiempo, se acercó a Zaragoza su hermana, cuñado y los dos hijos ya mayores, comprando una finca agrícola y dedicándose a esta otra actividad, con lo que la Venta del Jabonero cerró sus puestas al público definitivamente.

El turismo de los grandes eventos.-

La sobreexplotación de los recursos naturales realizada por las actividades humanas siempre es perecedera y con el paso del tiempo, la sociedad también se da cuenta de la cambiante evolución de las necesidades colectivas, lo que precisa desarrollar nuevas ocurrencias con las que atraer a otros diferentes sectores de población con visitantes dispuestos a favorecernos con la compra de nuevos servicios.
Aparece la importancia, como dependiente de la majestuosidad del acontecimiento y de la capacidad de concentración de grandes cantidades de personas como auténticos hormigueros, siendo la clave del éxito de cualquier iniciativa que, en definitiva, viene medida por el número de toneladas de basura e inmundicia que dejan abandonada por los suelos donde se concentra la avalancha de personas incívicas y ruidosas que acuden a presenciarlo, porque lo verdaderamente importante, son las cifras macroeconómicas que posteriormente se publicarán para abrumarnos con las escandalosas cantidades, nunca imaginables y que en definitiva nos presentan y recuerdan la pequeñez del ser humano.
Los medios de comunicación cautivadores de masas que nos hablan del glamour y de la desconocida gente vip, siempre serán capaces de poner el mayor énfasis posible en la divulgación del evento para poder despertar la necesidad de asistencia del incauto visitante, facilitando el poder presumir ante los amigos, de su estancia y anónima presencia. Al final, todo queda abandonado en el recuerdo y nadie habla del fracasado rendimiento de la inversión realizada.

El turismo de los grandes eventos.-

La sobreexplotación de los recursos naturales realizada por las actividades humanas siempre es perecedera y con el paso del tiempo, la sociedad también se da cuenta de la cambiante evolución de las necesidades colectivas, lo que precisa desarrollar nuevas ocurrencias con las que atraer a otros diferentes sectores de población con visitantes dispuestos a favorecernos con la compra de nuevos servicios.
Aparece la importancia, como dependiente de la majestuosidad del acontecimiento y de la capacidad de concentración de grandes cantidades de personas como auténticos hormigueros, siendo la clave del éxito de cualquier iniciativa que, en definitiva, viene medida por el número de toneladas de basura e inmundicia que dejan abandonada por los suelos donde se concentra la avalancha de personas incívicas y ruidosas que acuden a presenciarlo, porque lo verdaderamente importante, son las cifras macroeconómicas que posteriormente se publicarán para abrumarnos con las escandalosas cantidades, nunca imaginables y que en definitiva nos presentan y recuerdan la pequeñez del ser humano.
Los medios de comunicación cautivadores de masas que nos hablan del glamour y de la desconocida gente vip, siempre serán capaces de poner el mayor énfasis posible en la divulgación del evento para poder despertar la necesidad de asistencia del incauto visitante, facilitando el poder presumir ante los amigos, de su estancia y anónima presencia. Al final, todo queda abandonado en el recuerdo y nadie habla del fracasado rendimiento de la inversión realizada.

El turismo de sol y playa.-

Durante la segunda mitad del siglo XX muchas personas extranjeras fueron atraídas por el cálido y reluciente sol de la península Ibérica que unido a la gratuidad de sus playas y a unos bajos costes de su estancia vacacional, hicieron posible el cambio social hacia el sector de servicios capaz de atender la demanda creciente de las necesidades que los forasteros en el transcurso de unos pocos días nos visitaban.
Por muchos años, el turismo de ocio consistente en tumbarse al sol como las lagartijas quemándose la piel, floreció rápidamente por su escasa infraestructura, ya que la mayor parte del tiempo que empleaban sus Clientes, era estar acostados en la arena de la playa o bañándose en el mar que, por ser un recurso natural, no precisaba de mantenimiento.
Los gobernantes empezaron a percatarse de las cifras macroeconómicas que el turismo representaba como fuente fácil de ingresos y decantaron la mirada hacia la regeneración del litoral aumentando el número de metros aprovechables en actividades complementarias de ocio y concediendo licencias de ocupación de terrenos públicos para el desarrollo de nuevas actividades económicas con nula preparación profesional aunque de sustanciosos ingresos.