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De los servicios y la seguridad.-

Las prioridades sociales han cambiado con el paso de los años y en pleno siglo XXI ya no se conciben playas en entornos naturales, por lo que los ayuntamientos se esfuerzan en mantenerlas limpias y seguras con inversiones millonarias que hace tan solo unos años eran inimaginables por innecesarias.
Hoy precisamos de socorristas profesionales con más puestos de vigilancia y de sanitarios mejor equipados y con más amplio horario laboral, sin olvidar a los servicios de limpieza encargados de retirar las basuras que los bañistas abandonan incívicamente a diario en su estancia, lo que exige más dotaciones en cuanto al número de máquinas y técnicos encargados en las infraestructuras y en el mantenimiento.
De esta suerte, ayuntamientos como el de Castellón de La Plana, desembolsan cantidades del orden de 1,200.000 euros para sufragar gastos en limpieza y seguridad estival en las tres playas de su municipio, mientras los gobernantes, en un derroche de austeridad, consiguen ahorrar entre 120.000 a 150.000 euros recortando los sueldos de los funcionarios y personal político del Consistorio.

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Hostal Nou.-

Continuando por el camino íbero desde la aldea de Anroig, el viandante pasa por el Santuario de la Santísima Virgen de Vallivana y a la distancia aproximada de un día de viaje, llega a Morella. Encima de otra cima o montaña, desde lejos divisamos una ciudad rodeada de murallas con portales de acceso que hasta comienzos del siglo XX se cerraban por la noche y se abrían por la mañana a la hora convenida.
El trasiego de viajeros por las vía íbera y posteriormente por la carretera de Castellón de La Plana a Zaragoza, exigía un control para seguridad de la población y el horario de apertura y cierre de los portales de sus murallas, no siempre estaba acorde con las necesidades del transeúnte, por lo que en el cruce de caminos de la falda de la población, junto al río Bergantes, se construyó una posada, permitiendo mayor flexibilidad de horarios para las exigencias de los caminantes.
Desde siempre, se ha conocido con el nombre de Hostal Nou (hostal nuevo), siendo también parada obligatoria y con el paso de los años, los vecinos de Morella que no podían ajustar sus horarios a las ordenanzas de la población, edificaron viviendas a su alrededor, quedando agrupadas como un barrio.

La calidad publicitada.-

Algunas enfermedades pueden ser transmitidas por la ingesta de alimentos cuando no se encuentran en perfecto estado de conservación y como no es obligatorio que cada fabricante alimenticio (bar, panadería, restaurante, tasca, pastelería, chiringuito, etc.) disponga de un laboratorio analítico capaz de realizar un control del producto final, la sociedad tiene asumido el riesgo y mientras no se muere nadie, todo marcha con viento en popa y a toda vela.
Garante de la seguridad en los alimentos, son las ordenanzas reguladoras que aceptando un plan de autocontrol en su manipulación regulado por el R. D. 2207/1995 de 28 de diciembre y publicado en el BOE de 27 de febrero de 1996, se limita a explicar las normas elementales sobre higiene en la manipulación de los productos alimenticios, basándose en una relación de buenas prácticas supuestamente implantadas en todos los sectores, con el simple objetivo de asegurar un control crítico de los peligros que puedan producirse.
Para la justificación de este sistema preventivo en las distintas fases de elaboración, se publicita a los cuatro vientos que de esta forma, se mejora la calidad del producto y la seguridad del consumidor, aumentando la competitividad de las empresas al reducir los costes pero como no se precisa de calificación profesional o estar acreditado por la entidad certificadora, pocas veces se obtiene la gestión de la calidad alardeada, por ello, no es de extrañar que en esta época estival, se produzcan de vez en cuando trastornos intestinales que generalmente y con mucha suerte, no pasan de un simple susto por mucha calidad que se publicite (artesano, casero, elaboración propia, etc.).

La calidad publicitada.-

Algunas enfermedades pueden ser transmitidas por la ingesta de alimentos cuando no se encuentran en perfecto estado de conservación y como no es obligatorio que cada fabricante alimenticio (bar, panadería, restaurante, tasca, pastelería, chiringuito, etc.) disponga de un laboratorio analítico capaz de realizar un control del producto final, la sociedad tiene asumido el riesgo y mientras no se muere nadie, todo marcha con viento en popa y a toda vela.
Garante de la seguridad en los alimentos, son las ordenanzas reguladoras que aceptando un plan de autocontrol en su manipulación regulado por el R. D. 2207/1995 de 28 de diciembre y publicado en el BOE de 27 de febrero de 1996, se limita a explicar las normas elementales sobre higiene en la manipulación de los productos alimenticios, basándose en una relación de buenas prácticas supuestamente implantadas en todos los sectores, con el simple objetivo de asegurar un control crítico de los peligros que puedan producirse.
Para la justificación de este sistema preventivo en las distintas fases de elaboración, se publicita a los cuatro vientos que de esta forma, se mejora la calidad del producto y la seguridad del consumidor, aumentando la competitividad de las empresas al reducir los costes pero como no se precisa de calificación profesional o estar acreditado por la entidad certificadora, pocas veces se obtiene la gestión de la calidad alardeada, por ello, no es de extrañar que en esta época estival, se produzcan de vez en cuando trastornos intestinales que generalmente y con mucha suerte, no pasan de un simple susto por mucha calidad que se publicite (artesano, casero, elaboración propia, etc.).