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Un billete de diez mil euros.-

Aunque no vea la televisión por no precisar disfrutar del famoso TDT, no lea los periódicos por carecer de tiempo adecuado para ello y no oiga la radio por necesitar prestar mi atención al trabajo que estoy realizando, de vez en cuando me entero de alguna que otra noticia de los más sugerente.
Al parecer, lo de la crisis es un sentimiento generalizado; lo de sentimiento lo digo porque en las sillas de las terrazas de los bares siempre observo personas trabajando en sus quehaceres y porque además, tomando como referente a los santos de lejos por ser más milagrosos, en este caso, a los del otro lado del Atlántico, la solución estadounidense sobre el endeudamiento aceptado, aconsejado o elegido, parece ser de lo más convincente.
Después de mucho pensar y analizar las posibilidades sociales, llego a la conclusión que, para poder mantener el estado del bienestar, lo mejor es fabricar billetes de 10.000 euros y cada mañana al levantarnos, pasar por el Ayuntamiento del pueblo para que a cada vecino se nos regale uno.

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Los buenos deseos y mejores intenciones.-

Cuando se aproxima el final de la anualidad, todo el mundo se inquieta por los siete costados y un sentimiento colectivo nos invade durante unos escasísimos días pareciendo dar la impresión de que vamos a tirar la casa por la ventana. Como quiera que no nos ha tocado la lotería, porque de haberlo hecho saldríamos por la televisión tirando el cava por los aires y gritando a boca abierta como bestias, los buenos deseos de salud y las mejores intenciones de bienestar nos caen de regalo como llovidos de cielo y por el precio que nos cuestan, los regalamos sin valor añadido y no pagamos IVA.
Para hacer partícipes de este regocijo colectivo a próximos y lejanos, enviamos felicitaciones a nuestras amistades y con la revolución tecnológica de las comunicaciones, los mensajes SMS y los correos electrónicos con pps adjuntos, acaparan las preferencias de los usuarios, poniendo en marcha su inagotable imaginación y preparándolos de todo los formatos y colorines.
Nuestro compositor chertolino universal, desde su divertilandia chertolina, me envío una de sus simpáticas y divertidas felicitaciones acústicas que por no disponer de altoparlante no pude apreciar su contenido. Ayer, con un poco de tiempo, preparé relajadamente la infraestructura para enterarme de la ocurrencia del amigo Manu que nunca tiene desperdicio y para deleite de todos los lectores de este blog, les invito a conectar los altavoces y oírla tranquilamente.

Por mi parte, también os deseo a todos mejor año nuevo.

Chersoneso.-

Para los vecinos hijos de Chert, es muy fácil saber de lo que hablamos, nuestro gentilicio es chertolí y no se trata precisamente de un vocablo que nos referencia el oli (aceite) de Chert sobre el resto del que se produce en los pueblos vecinos, se trata de una gentilicio que, aunque pueda parecer despectivo por su terminación, nos indica que nosotros somos los hijos de la ciudad amurallada de la cima, haciendo clara alusión a la Mola Murà, de hecho el sentimiento que corre por de la sangre de sus descendientes, incluso al transcurso de los milenios, exige el retorno a sus orígenes.
La terminación “eso” significa del mar y con la fusión de ambas palabras, descubrimos, gracias a la toponimia, el saber que no está escrito en ningún libro, pero que se mantiene en el conocimiento colectivo de los nombres originales conservados al paso del tiempo. En conclusión final de que la antigua Chersoneso, corresponde con la ciudad amurallada del mar y que hoy conocemos con el nombre de Peñíscola.
De hecho, Peñíscola fue en la antigüedad la puerta de entrada a la península Ibérica desde el Mediterráneo y tal vez algún día, un historiador de los que pisan el territorio más que estudiar libros en biblioteca, se percate del detalle o la lectura de estas líneas, ayuden a despertar sus deseos de estudio en las citas y referencias geográficas que, al trascurso de los siglos, aún están presentes en el territorio.

Una inquietud historica.-

Aunque mi afición siempre se centró en la electrónica y durante muchos años estuve jugando con sus componentes haciendo montajes experimentales de entre los cuales y como bien se puede comprobar, alguno está referenciado en Internet, la llegada del ordenador me ha cambiado la vida.
Autoaprendí a programar como una curiosidad más y en pocos años, la revolución del sistema informático personal, ha hecho posible que cualquier persona que sepa escribir con una máquina, pulsando las teclas de su computadora, pueda publicar al mundo sus inquietudes.
De entre ellas, hay una que especialmente despierta mi curiosidad y con el fin de colaborar aportando mi escasa sapiencia que, no estando escrita en ningún libro, es un sentimiento que circula por la sangre que corre por mis venas, es mi deseo durante unos días, presentar varias desconcertantes, llamativas, curiosas o simpáticas intervenciones en este blog.