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Mi jarocho primo Joaquin Segarra Idiazabal.-

Hace unos años vino a visitar la destilería de Chert mi primo benicarlando D. Vicente Tomás Segarra Cerdá. Casualmente su tío Manuel, siempre que coincidía con mi padre se llamaban primos y al identificarse como el sobrino del primo de mi padre, se incrementó nuestra relación interpersonal propiciando me comentase que unos americanos habían recopilado en un libro a los abuelos de las familias con el apellido segarra en el mundo y cuando nosotros seamos mayores, quiero decir abueletes, también estaremos referenciados en el libro. Un buen día se me ocurrió tomar el dominio http://www.segarra.biz/ que estaba libre para reunir al máximo número de personas con el apellido segarra, bajo el criterio de, nietos segarra o aprovechando el dominio.biz, biz-nietos segarra y poco a poco, cada persona con el apellido segarra, puede agregarse a la web mundial de la familia segarra sin tener que esperar a ser abuelo para constar en el libro. Las circunstancias de la vida han permitido que me conociese mi primo jarocho (veracruzano) D. Joaquín Segarra Idiazábal que anteayer me enviaba desde el Estado de Veracruz en México un interesante artículo sobre “ La Navidad” y que ayer domingo, programaba y elevaba a la red de Internet rápidamente, sumando a la web cultural de Chert para disfrute de todos.

La divertida inteligencia.-

Cuando me percato del anormal comportamiento del computador personal, me doy cuenta de los poco inteligente que es la supuesta inteligente máquina que nos han creado, muchos usamos y en la que depositamos parte el trabajo que a diario vamos generando.
Hace unos días recibí un correo mal intencionado que contenía un malévolo virus de estos de moda y cuando salto en la pantalla, le di un mordisco en la oreja siendo eliminado sin contemplaciones, no obstante, al terminar la sesión de trabajo, ordené el cierre del sistema operativo y no respondía. Evidentemente, el salto viral debió dar una certera coz en la espinilla del sistema que no permitía su operatividad.
Durante unos días, para cerrar el ordenador debía esconderme y dar las instrucciones diciéndole que no era yo el que las daba y ante la respuesta de falta de identidad, se cerraba el ordenador si problemas, pero, tener que mentir, me exigía un comportamiento al que no estoy acostumbrado y en la primera visita de mi sobrino JuanFris, le he preguntado como solucionar el incidente y me ha dado una respuesta de lo más sencilla, ¡quítale la pila!.
Recuerdo que cuando empecé a jugar con la nueva tecnología usando la placa base que me regaló mi amigo Rafael, la pila estaba agotada y todos los correos que enviaba, llevaban la fecha del día de la activación de la misma, con el resultado de quedar almacenados los últimos en las bandejas de entrada de mis corresponsales, llegando algunos a llamarme la atención. Un buen día, me decidí cambiar la pila y el ordenador se volvía loco como un potro salvaje hasta que le quitaba la pila y se amansaba. Tras una limpieza de más de 800 virus que estaban a la espera de ser activados el día y la hora de su nacimiento, el problema fue solucionado. Ahora no he necesitado decirle al computador que es un ordenador cromañonano o de antes de Cristo, con retrasarle la fecha quince días, ha sido suficientemente engañado.