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La crisis de quejarse por dar lastima.-

En un documental de la televisión sobre la vida salvaje, aparecían unos listos osos plantados tranquilamente en unas rocas en medio de un río con la boca abierta y unas tontas truchas que pretendiendo superar el desnivel, se esforzaban en saltar desde el agua a contracorriente para colarse directamente en las bocas de los osos.
El festín era de tal magnitud que, durante los días que duró el esfuerzo de las pequeñas truchas por acercarse a desovar en el lugar elegido, los grandotes osos se lo pasaron pipa, pero … se acabó lo que se daba y la crisis truchera obligó a buscarse la vida a cada uno de los listos, inteligentes o pillines descomunales osos.
Se respira en el enrarecido ambiente contaminado del consumismo favorecido por las multinacionales, como un entorno generalizado de psicosis colectiva que obliga a empezar a pensar en comer patata porque el pollo, al parecer, se está acabando y como no reduzcamos nuestro nivel de gasto, léase despilfarro, valorando lo superfluo y lo necesario, cada día que pasa lo vamos a tener más claro.

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La declaracion de la renta.-

Parece ser que hoy empieza el plazo para la presentación de la declaración de la renta de las personas en el Reino de España y es justicia que entre todos paguemos lo que a derecho corresponda según el ordenamiento legal establecido para mantener el normal desarrollo de nuestras Instituciones.
Oía en la televisión mientras comía, que la A.E.A.T. va agilizar los trámites de las devoluciones, intentando que la máxima cantidad de personas dispongan de su dinero para que su poder adquisitivo se vea favorecido y ayudar a superar la crisis que estamos atravesando. No puedo precisar la cantidad de veces que se ha pronunciado repetitivamente la palabra crisis en el transcurso de las noticias y para evitar que me lo creyese, he optado por desenchufar el televisor y comer tranquilamente.
Mientras comía las lentejas del plato, como que un pedazo de hierro cual golpeando mi cerebro, ha despertado mis ocurrencias cristalinas y he pensado: Hasta qué nivel de cinismo hemos llegado, que después de retener indebidamente un dinerito a los tontos contribuyentes, ahora habrá que dar las gracias por devolverlo diligentemente durante los próximos seis meses a quienes lo reclamen.