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Mejorar en productividad o en consumo.-

Dicen por la calle que a mayor velocidad, la gasolina se consume más deprisa y cuando se acaba el depósito, o lo llenamos, o empujamos, o nos quedamos parados. Tal vez sin percatarnos, esto sea lo que nos ha sucedido cuando, durante treinta años hemos acelerado excesivamente el motor laboral para ahora disfrutar felizmente por la satisfacción del trabajo realizado.
En este tiempo, se nos ha castigado con la expresión competitividad, llegando a interpretarla como sinónimo de barato, cuando en realidad se estaba hablando de rivalizar por el logro del fin de despertar el interés de compra de una cosa parecida en ciertas características a otra auténtica, pero aprovechando la ignorancia del consumidor.
Dado que la economía es saber distinguir lo superfluo de lo necesario, en el marco económico actual que nos ha tocado vivir, necesitamos administrar convenientemente los bienes más que estudiar la producción en el sistema, o los rendimientos de los factores productivos.

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Y seguimos creciendo hacia abajo.-

Si el nivel de paro era elevado el año pasado, este año vamos a tener más de lo mismo y no es precisamente un problema de política económica, sino de falta de resignación en aceptar la realidad actual que no se puede atajar con un plan de inversión municipal para reparar los desperfectos locales por razones de uso y con financiación a base de deuda pública.
Hace algún tiempo nos caía la baba escuchando las lindezas de nuestros gobernantes cuando nos hablaban de como creaban cada día empleo y de repente, como a quien se le ha comido la lengua el gato, siendo los mismos dirigentes políticos, estamos evolucionando a su destrucción y a una velocidad vertiginosa que no va a desacelerarse antes de dos años.
Viendo la dimensión social de esta tragedia, nadie se percata de cual es su lugar en el escenario y si la misión de empresario es conseguir el euro para darlo a los trabajadores, ambos, deben cumplir con diligencia su obligación durante la jornada laboral, el Estado, regular las normas para que exista una muy buena convivencia cívica a todos los niveles y todos, empezar a aprender a distinguir lo superfluo de lo necesario.