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Confundir la precaucion con el miedo.-

Hace tan solo 90 años, las carreteras de nuestra geografía del Maestrazgo empezaron a ser invadidas por unas infernales máquinas que corrían más que andaban, alcanzando una vertiginosa velocidad de 40 km./h. delante de una polvareda que espantaba a todos los demás viandantes.
Sus conductores, provistos de una prenda de vestir a modo de bata llamada guardapolvo y una gorra, evitaban en lo posible las turbulencias atmosféricas que elevaban a su paso y que conseguían despertat todas las maldiciones de quienes se topaban.
Hoy las vías interurbanas han cambiado, tanto por los firmes como por el trazado y hay unas velocidades de circulación máximas y mínimas que no podemos ni superar, ni rebajar y cuando circulemos a velocidades anormalmente deducidas por cualquier razón, deberemos hacerlo lo más cerca posible del borde derecho de la calzada junto a la cuneta, con el fin de no entorpecer al resto de los usuarios. Ver Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, aprobado por R. D. Legislativo 339/1990 de 2 marzo. (BOE de 20-12-2001), porque hay algunos chóferes especializados que con sus muevos vehículos recien matriculados andan menos que el tanque de SEGARRA soplándole de frente.

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Hostal Nou.-

Continuando por el camino íbero desde la aldea de Anroig, el viandante pasa por el Santuario de la Santísima Virgen de Vallivana y a la distancia aproximada de un día de viaje, llega a Morella. Encima de otra cima o montaña, desde lejos divisamos una ciudad rodeada de murallas con portales de acceso que hasta comienzos del siglo XX se cerraban por la noche y se abrían por la mañana a la hora convenida.
El trasiego de viajeros por las vía íbera y posteriormente por la carretera de Castellón de La Plana a Zaragoza, exigía un control para seguridad de la población y el horario de apertura y cierre de los portales de sus murallas, no siempre estaba acorde con las necesidades del transeúnte, por lo que en el cruce de caminos de la falda de la población, junto al río Bergantes, se construyó una posada, permitiendo mayor flexibilidad de horarios para las exigencias de los caminantes.
Desde siempre, se ha conocido con el nombre de Hostal Nou (hostal nuevo), siendo también parada obligatoria y con el paso de los años, los vecinos de Morella que no podían ajustar sus horarios a las ordenanzas de la población, edificaron viviendas a su alrededor, quedando agrupadas como un barrio.