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Las tradiciones importadas.-

Con todo el trasiego de personas fruto de los avances tecnológicos y su facilidad de adquisición, nos desplazamos fácilmente de unos pueblos a otros y copiamos aquellos detalles que más nos agradan y de rápida incorporación en el nuestro como si de una tradición ancestral se tratase cuando en realidad es una importación con incorporación de pocos años.
La presentación de las carrozas en el pasacalle del pregón de las fiestas patronales o la sustitución del cayado por una caña en la Romería de San Marcos de la Barcella, sin claros ejemplos, pero hoy me voy a referir a los fuegos de artificio, cohetes y petardos que engalanan las noches y llenan de vistosidad a una bonita y llamativa fiesta que nunca tuvimos pero que sin percatarnos la estamos absorbiendo como propia.
El uso de la pólvora nunca fue propio de pueblos con escasos recursos agrícolas, principal fuente de ingresos de sus habitantes que en el caso de Chert, por estar desde siempre más bien dedicados a actividades industriales en las que sus vecinos, hubieron de espabilarse para poder vender en los mercados exteriores sus productos, no propiciaron el gasto de su reducido presupuesto festero en los llamativos fuegos artificiales, hoy derivando hacia los “correfocs” que tanto nos divierten a todos y muy especialmente a los jóvenes del cambio de milenio.

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Las fiestas patronales.-

Hoy empiezan oficialmente las fiestas de agosto en el pueblo de Chert para venerar a nuestra Santa Patrona la Santísima Virgen de Nuestra Señora de la Asunción y continuamos con San Roque que también es Patrón de Chert, pero además, en el pueblo hay más Patronos, como San Marcos y cada año a finales de abril, nos desplazamos hasta la ermita de San Pedro de La Barcella para festejar el día y tal vez por no tener la ermita que en su día derribaron para ensanchar la actual calle Independencia, conservamos la advocación de San Vicente, por no hablar de San Antonio.
Es curioso mencionar, por ser un detalle único en el universo mundo, la ofrenda que realizan las mujeres jóvenes del pueblo chertolino a su Santísima Patrona, consistente en llevar ante el altar, unas semillas germinadas y crecidas en la más absoluta oscuridad, de forma que, la debilidad y falta de clorofila, hace que caiga la planta alrededor de la maceta en la que por tradición se planta y crece en forma de unos blancos cabellos que la rodean y cubren como una verdadera cabellera conocida en el pueblo de Chert con el nombre de “cabelleres” y que celosamente guardan las chicas sin que los hombres sepamos.
Parece ser que esta costumbre, única en toda la faz de La Tierra, la conservamos en este pueblo de épocas ancestrales muy primitivas y anteriores a los ilercavones, ofreciéndola las mujeres de la tribu en Chert a la diosa de la fertilidad, cuidando la maceta a escondidas de las miradas de todos para presentarla con sorpresa en el día señalado y conseguir ser la más deseada del grupo o ramillete de flores chertolinas.