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Ofrecer o vender.-

Hay dos formas diferentes de entender el comercio, un árbol en el que florecen muchos y maduran pocos.
Los comerciantes que lo son de verdad, observan las tendencias de los consumidores que consumen de verdad y fabrican y comercializan aquello que los potenciales clientes de masas quieren comprar, la moda, la novedad, el boom, mientras los estudiosos de marketing, colaboran elaborando sus informes en base a los caprichos del momento, sabiendo que no se van a vender más que un determinado número de unidades de aquel competitivo producto.
Paralelamente a este mercado de masas, existe un reducido mercado sin valor comercial, cual es el de aquellos Personajes que no siendo Consumidores habituales, precisan para un determinado momento de su vida algo muy bueno, algo exquisito o algo diferente y buscan al fabricante o al elaborador capaz de ofrecer con el fruto de su trabajo y saber, el deleite exclusivo de aquellas pocas personas que lo saben apreciar.
Con este simple y elemental planteamiento comercial, es fácil comprender como en un pequeño pueblo del Maestrazgo como es Chert, continúe existiendo una tradición centenaria en la elaboración de licores por destilación de plantas silvestres recogidas y seleccionadas por el propio Julián Segarra durante los días correctos de su maduración en los montes del Maestrazgo, los destile conservando todas sus propiedades originales en el alambique de cobre calentado con fuego de leña de olivo en su destilería y los envejezca de forma natural en la quietud de los barriles de roble de su bodega para ofrecerlos a sus distinguidos y muy estimados Amigos.

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El precio de las cosas.-

Quienes pertenecemos al mundo del comercio de verdad por llevar algún tiempo dentro del mismo y vivirlo en la sangre que corre por nuestras venas, sabemos que el valor de los productos que comercializamos está en función de sus cualidades, otra cosa muy diferente es, cuando se pretende ser comerciante aventurero o de paso y se haya montado el establecimiento como actividad económica para obtener rápidamente ingresos sustanciosos y lucrarse fácilmente con la intención de vivir al margen del trabajo comercial.
Estos días he realizado una impresión del cuento Sayyid Jacmet porque al precio que compro la tinta, las tiradas no superan la docena de ejemplares y de nuevo he tenido que cambiar el cartucho de tinta. He estado mirando el embalaje por todos los lados incluso leyendo la letra pequeña escrita en idioma extranjero y me he encontrado con la sorprendente sorpresa sorpresiva de que el cartucho que me vendieron por 20 euros contiene 11 ml. de tinta ya que el cartucho que costaba 11 euros, solo contenía 5 ml.
Supongo que la tinta de impresión la deben fabricar con materiales traídos directamente de La Luna o excavados en La Tierra con una azada porque al precio que la venden, es más valiosa que el Brandy GRAN MAESTRE que ha costado 87 años en envejecerlo. Ahora entiendo el por qué los italianos hablaban del brandy più caro del mondo cuando se referían al Brandy GRAN MAESTRE, no era caro de precio, sino caro de deseado.