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El diploma en la pared.-

Tengo alguna dificultad en explicar para qué sirve un diploma en la pared sin enfadar al lector.
La posesión de un diploma, lo interpreto como el reconocimiento justificativo por algo excepcional o anecdótico de nuestra vida cotidiana al haber realizado alguna acción inesperada o diferente a la costumbre del día a día, lo que significa que habiendo expedido, entregado y recogido, el diploma, no debería servirnos como autocomplacencia de lo que hicimos algún día o del merecido agradecimiento.
Lo valioso en la vida, es nuestro continuo humilde trabajo diario, sin importar el nivel de cargo o relevancia, pensando que, al igual que en las paredes de piedra seca de los bancales de nuestro entorno, las piedras grandes se apoyan con las pequeñas; de la misma forma que en la escritura, los acentos, los puntos y las comas, ayudan a confeccionar correctamente las oraciones gramaticales; teniendo en cuenta que solo una vez en nuestra vida pasamos por un lugar y todo el bien que podamos hacer o todas las atenciones que podamos prodigar, nunca deberíamos descuidar y menos eludir o ignorar, aprendamos que el diploma colgado en la pared, bien pensado, solo sirve para mantenernos entretenidos quitándole regularmente el polvo y de hecho, muchas personas guardamos los nuestros, en los armarios.

La ignorancia del no querer saber.-

Tampoco es necesario haber cursado grandes estudios universitarios y presumir de pared llena de diplomas para poder dejar de ser ignorante y máxime hoy que tenemos a nuestro alcance la biblioteca universal del Internet a la que cada cual agrega sus conocimientos o escribe sus ocurrencias.
Afortunadamente para las personas de a pie, los Estados están gobernados por las mentes más ilustres del país y continuamente se cambian las leyes para mejorarlas y adaptarlas a las nuevas tendencias comerciales, de forma que lo que ayer era prohibido, hoy, a consecuencia de un estudio realizado por un importante científico de una importante universidad de un importante lejano lugar, goza de las mejores propagandas indicativas de lo bien que con su consumo se favorece el desarrollo físico personal.
Y en consecuencia, no somos bobos, porque no tomamos un pitobob, ya que si elegimos comer sin masticar un pitoton, continuamos siendo un poco más tontos de lo que éramos antes de su ingesta, aunque he de reconocer que, tras la deglución, en el cuerpo del incauto consumidor, se produce una sensación de rejuvenecimiento que notas como cada día eres más viejo porque para que te funcione el inventillo, en lugar de uno, deberías beberte dos.

La cultura de la mala educación.-

Dicen que Chert es el pueblo de la provincia de Castellón con mayor número de licenciados por metro cuadrado, posiblemente sea cierto porque cuando mi padre estudiaba, en clase asistían más personas de Chert que de los pueblos vecinos y en mi época de estudiante, se repetía el censo, aunque actualmente, por el descenso poblacional de los pueblos de interior a consecuencia de la emigración de sus vecinos, posiblemente esta relación haya cambiado.
Pero el verdadero indicativo de la cultura de un pueblo, no está en el número de estudiantes que asisten a la escuela, ni en el número de diplomas colgados en las paredes de sus casas, por no hablar de los títulos universitarios de sus vecinos, sino en la aplicación práctica de los conocimientos adquiridos con tanto esfuerzo durante los años de estudio, porque ¿qué es la cultura?. La definición engloba tal cantidad de acepciones que, cultura no solamente es enseñanza, adquirir instrucción, saber muchas cosas, tener amplios conocimientos, construir museos, presentar exposiciones o hacer conferencias, su definición es tan amplia que hasta la cortesía es cultura.
Aunque la cultura de un pueblo se puede medir por la falta de puntualidad de sus gentes, que como fenómeno social, se encuentra muy arraigado en nuestros días, también cabe la posibilidad de hacerlo extensivo al número de saludos o buenos deseos que sus vecinos se prodigan, tanto entre ellos mismos como hacia sus forasteros visitantes en cualquier lugar que los encuentran, por eso, un pueblo es grande, porque sus habitantes son buenos, porque son cultos y porque nuestro saludo sincero, enriquece a quien lo recibe sin empobrecernos por ofrecerlo.