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Las fiestas en los pueblos.-

Por alguna extraña y desconocida razón guardada en los genes de la sangre que corre por nuestras venas, cualquier pueblo que se precie, incluye en sus fiestas a los toros y si no hay toros, ¡no hay fiesta! y aunque reconozco que no es la única forma de divertirse, si lo es la más popular en toda la geografía española, la de la piel de toro.
En el mundo antiguo, la adoración del toro debió ser común y tal vez sagrado, apareciendo representado en muchas pinturas rupestres del paleolítico europeo por no hablar de las máscaras rituales de toro hechas con cráneos reales y las figuritas de terracota Chipriotas llevando máscaras de toro o los altares de piedra neolíticos con cuernos de toro, sin olvidar a Egipto, en donde el toro fue adorado como Apis, la encarnación de Ptah y más tarde de Osiris, recordando que el toro también fue indebidamente adorado por los hebreos en el monte Sinaí, sin olvidarme de la tradición sagrada que aún se profesa actualmente a la vaca en la India, la mismísima constelación de Tauro o el buey que incluimos en el pesebre cristiano.
Pero el espectáculo más original y bonito relacionado con los toros, es sin lugar a dudas la fantástica representación escénica de la obra “Déus o Bèsties” magistralmente interpretada y presentada en primicia mundial por mis amigos de Xarxa Teatre de Vila-real en las fiestas de La Madalena de Castellón de La Plana de hace ahora ocho años que fue festejada y rubricada por los artistas participantes con la degustación de Brandy del Maestrazgo.