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El deleite de los sentidos.-

En el momento de la deglución, el alimento pasa de la boca al esófago que por medio de unas contracciones y dilataciones llamadas peristálticas desciende hasta el estómago donde los fermentos digestivos como la amilasa y la maltasa actúan sobre los hidratos de carbono y la lipasa sobre las grasas, realizando la digestión.
Es sabido que los aceites y las grasas son incompatibles con el agua pero la ingesta de un poco de alcohol durante o después de las comidas, favorece la emulsión de las mismas y facilita el proceso digestivo, por ello, en contra de las campañas antialcohólicas coactivas hay que inevitablemente reconocer, que el beber con la comida algo de alcohol, favorece la digestión.
Como en todas las actividades de la vida, el problema reside en confundir el uso con el abuso pero un consumo moderado de las buenas bebidas alcohólicas, beneficia hasta en las arterias cuando se cargan de lípidos, disminuyendo la inflamación por evitar la formación de placas de ateroma y reduciendo el riesgo de sufrir un infarto de miocardio e incluso, una trombosis cerebral.