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Las ventajas de ir en camion.-

Mi tío siempre decía esta frase cuando subía a mi camioneta al desplazarnos de un lugar a otro y lo cierto es que en ocasiones tenía su ventaja porque disfrutabas del viaje de forma diferente al ver el paisaje desde otro punto de vista por ser la posición del asiento más elevada que la de un coche normal en el que no ves más allá de la pared al otro lado de la cuneta, pero cuando se pincha una rueda, las cosas se ven también diferentes por el tamaño y el peso por no hablar de la incomodidad, lentitud en los traslados o problemas de aparcamiento.
Cuando pillas un programa informático desconocido, te viene como grande y te preocupas en aprender a usarlo. Con el tiempo, te vas acostumbrando, coges soltura y al tener cierta destreza, un día te aparece de repente, en la pantalla de tu computadora, una inesperada subpantalla que te informa de la nueva versión con todas la últimas ventajas. Si se te ocurre aceptar, ¡estás perdido! porque se cambia el formato al que estás acostumbrado, incluso los colores y de nuevo necesitas aprender a manejarlo.
Con la era informática, hemos perdido demasiadas horas delante del ordenador para saber de su funcionamiento y continuamos perdiéndolas por estar absortos por la nueva tecnología y al igual que el camión tiene sus ventajas, cuando probamos circular en coche, ya no queremos ir en bicicleta.

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Con la naturaleza salvaje.-

“Nos fuimos del pueblo a la ciudad por no ir al campo y ahora debemos regresar al pueblo para ir al campo”.
Este es un fenómeno social que cada día está más de moda y como las costumbres, cuando se generalizan parecen ser virtudes, es frecuente tropezarte los fines de semana con los nuevos defensores del paisaje, el entorno y la riqueza de la naturaleza, paseando y husmeando por los montes de nuestro prestigioso Maestrazgo.
Por el tiempo de la primavera, aparece la floración de muchas plantas que, causando admiración al curioso caminante por el colorido de sus flores, nos aportan muchas de las propiedades que el organismo humano necesita en pequeñas proporciones para la renovación de sus células y que los animales salvajes conocen inconfundiblemente.
Algunas personas aprovechan el paseo para su recolección y una forma de conservación, es añadirlas a una botella del clásico aguardiente destilado de vino de toda la vida, el problema está en localizarlo, porque en el mercado del súper ya no existe, al no ser un licor comercial, no obstante, Julián Segarra, continua elaborándolo en su destilería de Chert para disfrute del amante de las cosas buenas, auténticas y naturales.