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La inquietud del lector.-

Desde hace unos meses estoy escribiendo en este blog mis ocurrencias sin saber el interés que pueda despertar en el lector. A la izquierda del encabezamiento, existe la posibilidad de solicitar el envío de contenido directamente en el correo electrónico del interesado registrándolo, pero mi nula sapiencia en estos menesteres, no me permiten saber si alguien se encuentra en lista, salvo cuando escribe un comentario en el blog, lo que me permite deducir, que alguien está pendiente o le interesa su recepción, no obstante, desde hace menos de un mes, estoy metido en otro blog que responde al espacio web https://destilator.wordpress.com/ y he observado que algunas personas me buscan por temas relacionados con la electricidad y la química.
A finales de la década de los ochenta, mi amigo el Sr. D. Pedro Monzó Fuster, me pidió que le preparase para sus alumnos, un tema de química y otro de física. En aquella época no existía el Internet y los redacté en formato papel, por lo que no están disponibles al alcance del internauta.
Como mi única afición ha sido la electrónica, durante algunos años estuve muy metido en el mundillo, diseñando y experimentando circuitos en AF, lógica, con los revolucionarios CI en TTL y control y aunque ahora abandonada por exceso de obligaciones laborales, para colaborar en la web cultural de Chert, permití el acceso a una publicación electrónica basada en el diseño y la construcción de filtros pasa bajos de segundo orden para baja frecuencia, con la revolucionaria realidad de no sufrir pérdidas de inserción con el uso del mismo, algo inimaginable desde el punto de vista didáctico, pero realmente posible en la práctica experimentada.

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El oficio de destilador.-

Aplicando la regla del redondeo, durante algunos más de los últimos ciento cincuenta años en mi familia alguien se ha dedicado entre otras actividades al oficio de destilador de alcoholes naturales para su obtención y uso en la fabricación de los aguardientes y con la aparición del impuesto sobre la renta del alcohol hace más de cien años, también a la elaboración de las bebidas derivadas de los alcoholes naturales conocidas genéricamente con el nombre de licores y como en todas la etapas de la vida, la evolución ha sido constante pero, no para mejorar la técnica de la destilación que no es mejorable y quien afirme lo contrario, engaña, sino para adaptar la técnica de la destilación a las cambiantes ordenanzas reguladoras y como afortunadamente hoy casi se ha perdido, quedándose reducida a la separación de los componentes derivados del petróleo, el oficio de destilador como tal, también ha desaparecido.
Hace algún tiempo leía en el BOE la creación de reglamentaciones nuevas para regular oficios modernos que algunas personas realizan sin ningún tipo de preparación profesional y se me ocurrió que podría poner al Departamento de Cultura y Educación de la Generalidad Valenciana en funcionamiento para comprobar qué inventaban para el oficio de mi familia.
Me consta que en la única ciencia docente donde se cita el proceso de la destilación, es en el segundo ciclo de las enseñanzas que imparte el Departamento de Ciencias Químicas de la Universidad en la rama de Química Técnica pero como esta instrucción no tiene salida comercial, las lecciones son más bien teóricas, no obstante, como también estoy reconocido fiscalmente como profesor de formación y perfeccionamiento profesional, el día que por ley se me exija una acreditación de destilador titulado, para tranquilidad de los Consumidores de mis elaborados, deberé examinarme a mi mismo y expedirme la licencia, garantizando la elaboración de los licores destilados de las plantas naturales en el pueblo de Chert mientras viva mi padre Julián Segarra Ortí.

Una quimica de narices.-

Son las sensaciones provenientes del sentido del olfato, las más fuertes que tenemos, porque consiguen estimular recuerdos por un tiempo superior al medio año, pero cuando debemos traducir en palabras los conceptos del mundo de los olores, se nos complica la mente porque somos verdaderos analfabetos y aunque se puede aprender a desarrollarlo desde nuestra más tierna infancia por ser el primero en aparecer en el momento del nacimiento, lo cierto es que de mayores, nos dejamos arrastrar por las imágenes en una sociedad que solo nos estimula el sentido de la vista y del oído.
El olfato y el gusto, son sentidos que podríamos llamar químicos porque para activarse, necesitan captar las sustancias químicas del entorno. Tanto nuestra nariz como la boca, disponen de unos epitelios o mucosas con millones de neuronas provistas de filamentos sensoriales que admiten activarse con las sustancias odorantes y gustativas, permitiendo su interpretación por nuestro cerebro.
Vivimos en una sociedad en las que las fragancias naturales son suprimidas o enmascaradas para ser camufladas, consiguiendo progresivamente atrofiar nuestro sentido del olfato, por otro lado, los mercados supuestamente competitivos, ofrecen toda una serie de alimentos de producción intensiva, con sabores totalmente diferentes a los que nos regala la sabia naturaleza y el resultado, es el cambio hacia un prototipo de personas con grandes capacidades sobre aritmética, geografía, ingeniería, bioquímica, mundología, etc., pero con grandes trastornos en la mitad de sus sentidos corporales.
Por suerte para la humanidad, aún quedan personajes ajenos a la alteración de nuestra sociedad globalizada, formando una elite de ciudadanos conscientes de las propias capacidades sensoriales humanas que, sin renunciar a ser civilizados, son valedores de nuestra herencia evolutiva y la razón de ser del oficio de destilador.

Del endulzante al edulcorante.-

Aprovechándose de la ignorancia de los consumidores, se presentan los edulcorantes como sustancias encargadas de endulzar los alimentos, confundiendo la sacarosa, con la sacarina (E 954), el ciclamato (E 952), el aspartamo (E 951) o la taumatina (E 957), etc. que, por su naturaleza química, nada tiene que ver con el azúcar natural (el que no tiene E ni número).
Como quiera que existen edulcorantes como la fructosa o el sorbitol que podemos encontrar en la naturaleza, se nos cuela la sacarina o los ciclamatos con la excusa de no aportar calorías, sin citarnos que son artificiales y sintéticos, nocivos para la salud pero que pueden supuestamente administrarse en caso de enfermedades como la diabetes si consultamos con el farmacéutico. De esta suerte, nos encontramos que los ciclamatos (E 952) están prohibidos en los Estados Unidos, Japón, Francia e Inglaterra, pero en España, su consumo solo está contraindicado en niños y embarazadas, aunque si padeces la enfermedad de la fenilcetonuria tienes prohibido el aspartamo.
Los gobiernos del Canadá y Francia, prohíben el consumo de la sacarina, pero si vives en Estados Unidos, solo con saber, por constar en la etiqueta rotulado en letra pequeña, que el producto que comes contiene este aditivo nocivo para la salud, es más que suficiente y máxime si no estás embarazado o embarazada, porque en caso de estarlo, no se aconseja su ingesta, en cambio, el Sorbitol (E 420), es (de los E numerado), el más chiripitifláutico, porque tiene parecidos efectos en el organismo humano a la fructosa, aunque te puede causar diarrea y dolores abdominales si consumes mucho y como se emplea en la fabricación de chicles y caramelos, si no tomas más de cinco al día, no pasa nada, es decir, menos de 2,5 gr. al día. (Una bolsita de azúcar son unos 8 gr.).
El hecho de poder disponer de estas auténticas maravillas a un precio reducido y se permita el uso comercial en la elaboración de alimentos baratos, el endulzante y conservante de toda la vida, la sacarosa, el que no tiene E numerada por ser el azúcar de mesa, el que se saca de la remolacha y de la caña de azúcar cultivada por los labradores españoles, el utilizado desde siempre por Julián Segarra en la elaboración de los exquisitos licores en su destilería de Chert, ha quedado desplazado por tener contraindicaciones muy graves cuando lo consumes a saco, porque, al levantarlo, con todo su peso, podría causarte daños irreparables en la espalda.