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Aprender de los tropiezos.-

Cuando las cosas no funcionan o no responden como esperamos, el mundo se nos viene encima, nos ponemos nerviosos, nos disgustamos e incluso enfadamos, pero no hay más solución, deberíamos haber aprendido que las cosas son como son y no como nos gustaría que fuesen, aunque en ocasiones, somos lo suficientemente cabezotas como para permanecer en nuestro empeño y conseguir los perseguidos deseos.
Si analizamos detenidamente los resultados, al final nuestras acciones solo dependen de la importancia que nosotros queramos darles y una vez obtenidos los propósitos, realmente es más bien poca pero qué más da si definitivamente se concluye en la satisfacción personal de las cosas hechas.
De las irregularidades del Internet durante estos pasados días, se me ha ocurrido una ocurrencia ocurritiva con mucha ocurrancia. Cada vez que un colaborador cuelga un artículo nuevo, le hago un enlace desde la sección correspondiente pero tal como tengo estructurada la web, podría incluso añadir una página de presentación de todos sus trabajos. Si alguien de los que tienen algo colgado en la red por los dominios www.chert.org y www.ullastre.info está dispuesto a colaborar en la nueva iniciativa, puede enviar un correo electrónico a destilator@terra.es y haremos una prueba.

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Cuando no se tiene, se pinta.-

Recuerdo en una ocasión de jovencito, pretendía hacer una antena giratoria con varillas de aluminio de las usadas en las antenas de televisión de la Banda 1. Pensando en el inventillo, se acercó mi abuelo Julián Segarra Ferreres preguntando que estaba haciendo en el taller y al explicarle, pilló la idea de la oreja y me enseñó una forma de como llevarla a la práctica.
Encendió la fragua y mientras yo colaboraba dando aire al carbón, tomó un trozo de varilla cilíndrica maciza de hierro del rincón de la chatarra y de dimensiones externas parecidas al diámetro interno de la varilla hueca de aluminio que debía servir de antena y la acercó al hogar. Cuando estaba caliente, con el martillo en el yunque, le hizo en un extremo una bolita de hierro. Después calentando el otro extremo, repitió la operación resultando una varilla con dos bolitas en los extremos. Cortó la varilla por la mitad y ya tenía dos curiosas varillas cilíndricas con bolita.
Ahora era menester fabricar el soporte y con una pletina y el taladro, usando brocas de diferentes diámetros, le hizo unas concavidades que después de doblada, resultó una U en la que encajaba la bolita de la varilla girando sin salirse. Atornillé las dos U encina de un trozo de madera de olivo y enchufando las varillas de aluminio, resultó una antena de las llamadas de cuernos que permitía ver la televisión con un reemisor pasivo montado en pruebas encima de la montaña de la Mola Gran de Chert que tomaba la señal televisiva desde Monte Caro en Tortosa en lugar de la lejana Sierra de Aitana.