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Las lagrimas de San Lorenzo.-

Las estrellas fugaces pueden verse durante todo el año pero es durante los últimos cinco días la primera quincena del mes de agosto cuando la órbita de nuestro planeta cruza una nube de partículas perdidas por el cometa Swift-Tuttle desde cuando se acercó al Sol y lo que produce la lluvia de las Perseidas. Su nombre, es debido a que las trazas parecen provenir de una zona situada en la constelación de Perseo y el de lágrimas de San Lorenzo, es porque esta lluvia de estrellas se produce alrededor del 10 de agosto, festividad de San Lorenzo.
Los mejores lugares donde se puede disfrutar de este espectáculo suelen ser los menos poblados o en las ciudades muy pequeñas, porque las luces de las grandes ciudades molestan la visión del firmamento nocturno y no permiten apreciar ni tan solo la vía láctea. Cuando la luminosidad ambiental del entorno es muy grande, solo se pueden ver las trazas más grandes.
En estos veraniegos días en los que la noche invita a disfrutar del fresco, aprovechando el cruzar con los restos de la cola del cometa y el hecho de que el número de estrellas fugaces avistadas puede aumentar considerablemente, la Unidad de Observación Astronómica del Maestrazgo en Chert está súper activa en la organización de la observación nocturna.

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El aniversario de la astronomia.-

La Unión Astronómica Internacional en colaboración la UNESCO han decidido proclamar el año 2009 como el Año Internacional de la Astronomía, ¡mira que bien!, tanto ruido cuando las personas dedicadas al estudio del firmamento, ya hace tiempo que conscientemente aceptaron por muy brillantes e ingeniosos que sean, la imposibilidad de conseguir responder a preguntas fundamentales como la edad del universo.
Corría el año 1609, hace ahora 400 años, cuando Galileo Galilei construyó el primer rudimentario telescopio y observando el firmamento, empezó a descubrir que Saturno estaba rodeado de anillos, Júpiter tenía cuatro satélites mayores, nuestro Sol presentaba manchas y que la Vía Láctea era simplemente una alineación de estrellas formando una galaxia.
Puesto que los telescopios terrestres se ven afectados por factores meteorológicos como las nubes, las turbulencias y la contaminación lumínica ocasionada por los grandes luminarias urbanas, reduciendo la posibilidad de su ubicación, la ciencia espacial nos permite el uso de su infraestructura para la utilización de telescopios orbitales.

La observacion astronomica.-

Noche clara y despejada de nubes, con una temperatura ambiente de 23ºC, humedad relativa del aire al 77%, sin un pizca de viento y con absoluta tranquilidad, propiciaban un tiempo atmosférico agradable para la observación estelar del firmamento chertolino sin ropa de abrigo. Con estas condiciones ambientales, los amantes de la observación astronómica tenemos una cita obligada con el cielo durante estos días de la luna nueva para, aprovechándonos de las ventajas climatológicas, darnos el gustazo de la contemplación celeste en la que las estrellas brillan con todo su esplendor.
Después de cenar, atender el correo electrónico y otras obligaciones coyunturales, la noche va avanzando lo suficiente como para permitir la visión del cosmos con solo salir a la calle, en mi caso, lo hago al terrado de la casa donde vivo. Al abrir la puerta, lo primero que veo son las tres farolas del patio de las escuelas del pueblo que el Sr. Alcalde ha mandado encender por la noche para que los hombres del mañana puedan hacer sus gamberradas con luz ambiental suficiente, no obstante, la luminosidad de Júpiter que por su tamaño y distancia refleja excelentemente la luz del Sol, le convierten, en esta época del año, en el astro más brillante del cielo y me permite distinguirlo de inmediato como una lentejuela por encima del tejado de las escuelas.
Mi visión se eleva hacia el cenit fascinando las retinas de mis ojos mientras observo el paso de un avión en dirección norte a sur, desde Barcelona a Valencia del Cid y con sus luces blanca y roja intermitentes y blanca azulada fija me entretiene un instante hasta que oigo el leve ruido ambiental de sus motores que por la distancia, llega muy amortiguado como un susurro.
Hacia el norte, el edificio de la casa en la que vivo, oculta la luz de la calle Independencia y permite distinguir claramente la Constelación de la Osa Mayor y junto a Megrez, la estrellita María Jesús que no siendo visible a simple vista doy fe de su existencia. Me fijo evidentemente en el carro y proyecto cinco veces la distancia entre las estrellas Merak y Dubhe para localizar la Estrella Polar que da nombre a la Unidad de Observación Astronómica del Maestrazgo en Chert y el carro de la Osa Menor, mientras, entre ambas, puedo distinguir la cola de la Constelación Dragón en un conjunto observable a ojo desnudo sin ningún tipo de instrumental óptico. A la derecha de la Estrella Polar en dirección al este geográfico, la Constelación de Cefeo precede a la Constelación de Casiopea y la Vía Láctea con todo su esplendor, me invitan a concienciarme una vez más de la inmensidad el Universo y la pequeñez de mi persona.