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De la desaceleración a la crisis.-

Soy un verdadero zoquete ignorante y desconocedor de la realidad social que me ha tocado vivir con tanta palabreja bien sonante y sugestiva. En lugar de plantar cepas, injertarlas y cuidarlas para producir vino vendimiando como un auténtico boberol, elaborar licores destilados con las propiedades de las plantas silvestres para envejecerlos de forma natural en barriles de roble, hubiera tenido que ser más listillo y dedicarme a contratar productos de renta fija sin riesgo aparente y con un capital garantizado de boquilla al cien por cien.
Parece ser que algunas personas espabiladas, han especulado con ilusiones bancarias que a consecuencia de una crisis gripal por no beber brandy SEGARRA, “el Brandy del Maestrazgo“, están afectadas por no se qué desaceleración económica que ha ocurrido en la otra parte de mundo y precisan reclamar en concepto de no se qué ahorros, parte del dinerito que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre va a imprimir por desacertada decisión gubernativa con cargo en los impuestos que pagamos entre todos los que trabajamos.
Hace unos años, hubo una granizada en Chert y no precisamente de las que te tomas de refresco en la mesa de la terraza del bar con el vaso porque me refiero a la meteorológica. Se nos prometieron unas ayudas económicas para la reparación de daños, tanto en los tejados como en las cosechas y aún esperamos. Poneros a la cola en compás de espera ya que la ignorancia no exime de responsabilidades a quien no entienda o esté dolido porque le tomaron el pelo. Ahora tiene la oportunidad de aprender cómo se puede comprar el dólar americano a precio de euro europeo sin saberlo.
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Del usar y tirar.-

Cuando nos acercamos a un establecimiento comercial para adquirir un determinado producto, generalmente se nos atiende con una sonrisa en los labios para convencernos de sus cualidades y virtudes, cuando el ignorante vendedor, no sabe que no es él el que vende porque en realidad somos nosotros los que compramos y de esta suerte, nos vamos contentos con la nueva adquisición y el vendedor queda satisfecho de la repercusión adinerada por la operación económica.
A partir de ahora, hemos de cuidar muy mucho que lo comprado no se nos estropee porque, por si no lo sabemos, en el caso de que eso ocurra, nos percatamos de la imposibilidad de su reparación.
Si tenemos la desgracia de sufrir una contingencia y acudimos al establecimiento vendedor para solventarla, siempre ocurre que nuestro aparato ya no se fabrica, no existen piezas de repuesto, el fabricante ha cerrado el establecimiento y en definitiva, mejor hacernos la idea que deberíamos comprar otro nuevo tirando el usado al basurero.
Dependerá de nuestra cabezonería o de nuestros conocimientos adquiridos con esfuerzo durante los años de estudio en la escuela, aprendiendo las lecciones de nuestros Maestros y su aplicación práctica en el difícil caminar de la vida, para poder superar las dificultades que se nos han presentado y encontrar la solución de forma tan fácil y sencilla como los problemas de cuando estudiábamos.

La ignorancia del no querer saber.-

Tampoco es necesario haber cursado grandes estudios universitarios y presumir de pared llena de diplomas para poder dejar de ser ignorante y máxime hoy que tenemos a nuestro alcance la biblioteca universal del Internet a la que cada cual agrega sus conocimientos o escribe sus ocurrencias.
Afortunadamente para las personas de a pie, los Estados están gobernados por las mentes más ilustres del país y continuamente se cambian las leyes para mejorarlas y adaptarlas a las nuevas tendencias comerciales, de forma que lo que ayer era prohibido, hoy, a consecuencia de un estudio realizado por un importante científico de una importante universidad de un importante lejano lugar, goza de las mejores propagandas indicativas de lo bien que con su consumo se favorece el desarrollo físico personal.
Y en consecuencia, no somos bobos, porque no tomamos un pitobob, ya que si elegimos comer sin masticar un pitoton, continuamos siendo un poco más tontos de lo que éramos antes de su ingesta, aunque he de reconocer que, tras la deglución, en el cuerpo del incauto consumidor, se produce una sensación de rejuvenecimiento que notas como cada día eres más viejo porque para que te funcione el inventillo, en lugar de uno, deberías beberte dos.